A Gio HerRe
Esperaba con premeditación
que llegara la noche
habían sido suficientes
las amargas abstinencias
su naturaleza le exigía
Que la sangre
inundara las olvidadas venas
de su vientre
Que el aliento
del otro despertara a sus azucenas
Que la carne
fuera torturada por besos mordentes
Que el espíritu
guardara ayuno y penitencia
Que sus ojos
se desorbitaran en blancura
por la extenuaciones del clímax
Que sus pies
se distendieran en cada arremetida
Que su lengua
recordara su olvidado destino
Que sus caderas
Se expandieran como un acordeón
Que sus pezones
dieran miel y no leche materna
Que su cuerpo
descubriera regiones ignotas
que producen miedo y placer
Llegada esa noche
para ella nunca más hubo día
Juan David Porras Santana