27 jun. 2013

EL EXORCISTA

                          
                                                             
       A la memoria de la mujer que no pude exorcizar


Las manos del miedo estremecieron al tamarindo
Y sus frutos comenzaron a gotear
Ardió  el trópico sobre su cintura boreal
En el púlpito de su boca sangró el pez esquivo
Señal del faro que nunca encendió
Para qué? , su desgastada costa  fue lamida por la mar

Las manos del miedo estremecen al tamarindo
Y sus frutas en las ramas quedas están
Su cintura se cimbra al tacto abrasivo de la mar
Sus lenguas son un amasijo que no se quiere desenlazar
Sus ojos son espejos que reflejan escenas sórdidas
Todo en ella es un sorprendido coral rojo en la profundidad

El tamarindo será un árbol que llena de terror nadie se acercará
No hay frutos, crecerán las raíces de manera retorcida
La mar morderá su cintura hasta que la haga acabar
Se confundirán  bóveda, garganta, tráquea, se espesa el paladar
Dos cuencos blancos virarán hacia arriba buscando  la mar
Yacerá espléndida sobre la arena, su amante la acaba de exorcizar

 Juan David Porras Santana