23 feb. 2015

EL QUINTO CIELO




A los ángeles solitarios del mundo,
los grandes masturbadores
Ella y él, desolados emprenden
la regresión de los sentidos
Un viaje a las cavernas más prístinas
dónde el sexo
se desprende de sus vestes,
de sus máscaras
y es crudo
como el alba de los iluminados
En este viaje separan
sus caminos y destinos
Ella desnuda
sobre la gran piedra plana
libera la tensión
y aguza sus sentidos
Él en el agreste campo
desenvaina su punzón
Ella deja que las voces
de amantes desconocidos
llenen sus oídos
con preludios de cuarto creciente
e invocaciones
que suben de color y tono
Él pinta con realismo Goyesco
su maja desnuda
Ella prefiere no prefigurar
un amante cierto
Prefiere sentir
que son íncubos o bandas de rock
El recrea minuciosamente
los senos de la peluquera
y absorto con su fotografía
parece a su primo el Bonobo
Ella conduce sus manos
por su cuerpo que repleto
de comarcas erógenas
Parece un inmenso bosque
donde encienden
y apagan luciérnagas
Él, en rápidas convulsiones
Degenera
en un surtidor espasmódico
Ella magistralmente,
logra ampliar sus horizontes
y los conecta con el ansiado amor
Su piel se tensa
como el cuero de un tambor africano
Gemidos de aquella originaria
tierra la siguen acompasados
Tantas veces como la satisfacción
del amor no alcanzado lo requiera
Juan David Porras Santana