30 sept. 2015

¿CHIVO QUE SE DEVUELVE SE DESNUCA? NO SIEMPRE







Decimos en mi país: “chivo que se devuelve se desnuca”, perfectamente aplicable en referencia a mi retiro justificado de ayer. Puede ser que me cueste romper  el cordón umbilical que me une a ustedes ¿por qué no? Son mis amigos-lectores. Me lo demostraron en la cantidad , sinceridad y calidad de manifestaciones de afecto y solidaridad con que recibieron mi mensaje de ayer- nunca tendré palabras para agradecer tanto-.

 Les informo, tal como lo pronosticaron que mi tercera quimioterapia fue recibida por mi cuerpo, mente y espíritu con la mayor convicción, fe y esperanza que desde ya, siento su fuerza positiva actuando en mí .

Quise escribirles motivado por este sentimiento de curación progresiva. Y por supuesto no podía dejar de enviarles el que considero pudiese ser el texto introductorio del libro en ciernes "ARTERIA VITAL"; así que a continuación les dejo el mencionado contenido que encontré hoy en mi revisión de los escritos. Como su temática puede ser polémica me gustaría conocer sus opiniones. Prometo no molestarlos hasta la cuarta quimioterapia, donde seguro estoy recibirán excelentes noticias . El silencio será testigo de mi franca y sostenida mejoría – salvo para aclarar alguna duda sobre el introito de ARTERIA VITAL y por supuesto para responder cuando me  escriban.

Quedando a su mandar

Juan David  




“Y DIOS CREÓ A LA MUJER”  Y LA MUJER QUE AMARÉ ME CREÓ A MÍ
                                                           
Creo firmemente- al contrario de lo que comúnmente se dice- que en esta época donde la mujer lucha por la igualdad con respecto al hombre, tal vez sea el momento de la historia, donde – gracias a Dios- se patentizan más nuestras profundas y atávicas diferencias.

 No es un asunto de roles, funciones, derechos, allí lograremos la igualdad en algún instante cierto del devenir evolutivo.
Lo que distingue a los géneros está inscrito en lo más profundo de nuestro ser; está en el espíritu. Ente autónomo superior  que se sirve del cuerpo para cumplir con su misión: la trascendencia.

Muchas veces me han dicho: Juan David tú no vas a trascender, porque no tienes hijos. En esa frase se recoge una trampa existencial: ¿trascender es igual a procrear?, ¿sólo a través de la descendencia genética algo de nosotros se transmite a otro ser?- a otro cuerpo con un origen común eso también lo hacen los tigres y las bacterias; estas últimas  con más eficiencia que el homo sapiens. ¿Qué pasa con el espíritu? Es el que se marcha a la paz eterna del cielo o se carboniza una y otra vez en el infierno. No, es el que trasciende, no solo utilizando la descendencia, sino un medio más eficaz: la conciencia colectiva.

Hazte esta pregunta: el espíritu de Einstein ¿está diseminado por su prole- tuvo entre sus hijos uno  con problemas psíquicos al cual visitó una sola vez  - o por el conocimiento que nos legó?

Oye Juan David pero tú no eres Einstein. Estoy  de acuerdo, pero este genio no se recreó en la mujer. Sin ella posiblemente mi espíritu se habría perdido, no sería el mismo hombre  que escribe esta carta hoy. Pero esta carta no tiene la trascendencia de la teoría de la relatividad, posiblemente no la lea nadie más que yo y tú, y así no fue acaso que comenzó todo con un tú y con un yo.

 Te imaginas la diferencia de ese primer hombre y esa mujer con respecto a nosotros- bueno si eran Adán y Eva han gozado muchíiiiiiiiisimo más que nosotros-  abismal. Se estima que antes que tú y yo nos conozcamos y nos lleguemos a amar  nos antecederán por lo menos 28.423 millones de seres humanos. Seguramente somos el fruto más elaborado de esa orgía planetaria.

 ¡Esa es la diferencia! 
                                                                               
                                                               Juan David Porras Santana