20 nov. 2015

LA MÁS VERDE MANZANA


                                              
Con hambre de revelaciones tiento una vez más  al camino. El viento sopla noreste y disipa sobre mí la turbidez que agobia mi cansada mente. Ardiente de pasiones espero el asalto que simularé inesperado de la sublevación de las circunstancias que en connivencia con mi propio yo edifican mi torre, mi señorial mundo de exquisiteces. No aptas para el vulgo profano que venera al pan y al circo
No tardo en vislumbrar que del oscuro verde, emerge un verde metálico que hace eléctrico al ambiente que lo circunda. Lo penetro y siento su fuerza limpia que espanta los fantasma que la densa fronda y el tejido inexpugnable de esta selva posicionó a hace miles de años. No hay densidad, solo la levedad de mi existencia que se ha hecho eco de la ingravidez de este singular remanso del mundo vegetal que tanto dice sin necesidad de expresar nada.
Estoy en los dominios de Kira, la mujer que hastiada de sí misma, resolvió cambiar su circunstancia, al punto que modifico la naturaleza de la inextricable selva al reposar sobre ella. Expandió sus dominios a fuerza de aislamiento, hoy es esta peculiar piel que me recibe, dónde me extasío y puedo sentir como vibra su edificante vida, arrebato de pasión que se cuela en mis más olvidados huesos.
Me regresa con sutileza al mundo de las fragancias y al insospechado candor de las caricias que calman el alma. Se despierta en mí aquel joven que creyó en el amor más elevado. No me reconozco, tan fresco, tan puro, tan sobrecogedoramente humano. Lloro y es rocío que Kira besa.  

Juan David Porras Santana