28 feb. 2014

LA ORQUÍDEA FANTASMA




EL POEMA QUE SIEMPRE ESPERÉ ESCRIBIR

Una breve consideración: llevó un año escribiendo a diario
para tratar de compensar el tiempo perdido.
Hacía 30 años que lo hice por última vez y aún cuando sentí el fervor,
la pasión junto a la música, todo lo abandoné.
Y me dediqué a ser empresario .
Algunos conatos hubo durante este interregno, pero aislados y sin convicción.
Hoy 28 de febrero de 2014 quiero entregarles un poema
que como las orquídeas más misteriosa se hallan solamente
en lo más profundo de la selva tropical.


                                                  A todos mis lectores, pocos pero siempre están



                                                El verdadero poeta es un loco que ambiciona
                                                meter el universo entero en una sola sílaba

                                                                           El Añalejo



    Fantasma por qué huyes de mí, es acaso un castigo

    por abandonar tu casa embrujada, llena de aves disecadas

    Que en su momento interpreté como naturaleza muerta



    Cuán equivocado, el bodegón sin vida era yo

    Necesité hastiarme del mundo de los artilugios

    Para regresar cabizbajo a donde tus muertos florecían





    Creí que la poesía tenía que nacer de un manantial

    Tan cristalino como la inmaculada Virgen María

    Resulta que la belleza estaba en la sábana ensangrentada



    Que la mitología era la cotidianidad fabulada

    Que todo es raudo y solo los poetas lo hacemos

    En tempo de adagio para detener esta taquicardia



    Tropel de engaños tan superficiales

    Que por eso los compramos, es tan fácil

    Pero aprendí que lo que vale, exige tanto



    Fantasma perdona mi ligereza,

    La vida no es una línea recta

    Es laberíntica experiencia que aguza los sentidos



    Que no perdona que dejaras pasar la revelación

    siempre inusitada, como aquella orquídea negra

    Que esperaba que tus pupilas la miraran por primera vez



    Poeta complace al lector no por condescendencia

    sino porque es tu compañero de viaje al que de una palmada

    Le señalas el asombro de aquella orquídea negra

    Que la esconden aquellas tupidas malangas



    Juan David Porras Santana