13 abr. 2014

EL LABERINTO NO ES EL CAMINO PARA LLEGAR A SU CORAZÓN





No pretendas que las cosas ocurran como tú quieres.
Desea, más bien, que se produzcan
tal como se producen, y serás feliz.
Epicteto de Frigia

Una bandada de pájaros encapotó el día 
Huían de aquel hombre decidido 
El laberinto era un robusto zarzal de espinas 
Frente a él, el hombre sólo pensaba en la flor amarilla
Era el corazón de su amada que en el momento 
de mayor desesperación desaparecería ,
porque ella era  un dogma de fe 

Tendría que por fin dejarse caer
para que sus frágiles brazos lo recibieran 
Toda una vida hirsuto , estepario 
y ahora el vértigo de un abismo con final feliz 
Imposible, no había nacido para ello se repetía 
Mientras daba sus primeros pasos
entre aquellos muros vegetales que se parecían a él 

Transcurrieron los días
 y su obsesión crecía junto al zarzal 
Reptaba sin fuerzas pero con espíritu vencedor 
Llegó de nuevo al punto de partida  y lloró, lloró 
Se decía: una frustración anunciada,
es la ceguera del amor  
Se odió, sintió pena por su corazón
mutilado  en cien pedazos 
Como una vajilla Ming despedazada
el horror de adherir pedazos con cicatrices lo venció
Agotado se durmió. Sobre su ensortijada cabellera 
la mano de su amada lo acariciaba y miraba con amor 
al despertar aquel hombre volteo
y el zarzal estaba preñado de flores amarillas 
entendió que el amor llega sin proezas
sin tocar la puerta del corazón 

Juan David Porras Santana