30 mar. 2014

CAROLL ELIZABETH Y LAS OTRAS VÍCTIMAS

                           





                                                                                                                                   “La muerte siempre está a la misma distancia”
                                                                                                                                                         Salvador Garmendia


  Padmasambhava decía: "Quienes creen que disponen de mucho tiempo, sólo se preparan en el momento de la muerte. Entonces los desgarra el arrepentimiento. Pero, ¿no es ya demasiado tarde?". Definitivamente en Occidente no estamos preparados para la muerte. Me decían el Dóctor y la  Coco ayer, se está muriendo todo el mundo, como si la muerte nos estuviera rondando, les contesté eso tiene algo de verdad y algo de mentira, las probabilidades de morir  después de los 70 años son mayores pero antes la gente moría a los 50 años y mucho antes a los 30. La mentira es que hoy la gente se muere menos que antes, tanto así que los sistemas de seguridad social intergeneracional del mundo están colapsando: los viejos ahora no tienen la buena educación de morirse cuando deberían.

 ¿Pero se mueren más jóvenes? 


Por las causas que mueren los viejos (enfermedades cardiovasculares), cada día mucho menos, pero los accidentes de tránsito, son la segunda causa de muerte: 1,2 millones de personas muere anualmente,  y casi la tercera parte son jóvenes. Lo asombroso es que la mayoría son víctimas de un asesino que no sabe que lo es. En la mayoría de los casos quien muere no es el que iba a exceso de velocidad, de manera imprudente, sino el que recibe el impacto del criminal.

   En nuestro caso las víctimas de este acto cruel fuimos todos, en mayor o menor grado.
Caroll víctima fatal; José Antonio pudo haber muerto, pero se lleva para siempre el recuerdo de la tragedia  vivida. Mariela vive una culpa muy subjetiva, muy natural,  pero que no le pertenece. Eduardo, toda la angustia de lo sufrido, y de lo que falta por. sufrir. Los familiares de Caroll una pérdida irreparable, que les deja el triste saldo de una pena indescriptible, que sólo el tiempo pausadamente mitigará. Los amigos como Andreína que fueron en su auxilio, la pesadilla no sólo del accidente, sino de la deshumanización y degeneración de sus congéneres: todos ellos victimarios. Nosotros todos, sin excepción, sufrimos cada una de estas causas como  propias. Queremos revivir a Caroll, convencer a José Antonio, Mariela, Eduardo, Andreína de que lejos de tener alguna culpa, son las peores víctimas de un asesino cuya atroz imprudencia nunca perdonarán, pero que se irá aliviando por la comprensión que finalmente nos suscita todo ser humano, por el objeto que sea, y porque pasada la borrasca, o superada la conmoción , la razón fríamente les dirá que lo sucedido  fue fruto de una dosis de azar y contingencia que acompaña a todos los hechos de la existencia humana. La resignación, entonces, será un bálsamo.

 Caroll murió: eso no lo podemos cambiar. Nos toca vivir su duelo y hacer que de alguna forma, lo que fue e hizo en su corta existencia transcienda. Esta es la forma de inmortalidad que podemos materializar en esta vida: poner  todo el esfuerzo de nosotros, sus compañeros, al servicio de sus causas. Los talleres de Reconversión Monetaria que con tanta dedicación y amor emprendió deben ser dictados en honor a ella, allí está su huella, que debe prolongarse haciendo con mística todo lo que presumimos que ella hubiese seguido haciendo. No es poca cosa, pues la vida está construida de pequeñas empresas, y la eternidad de momentos fugaces

  Los más urgidos, las otras víctimas que sobrevivieron requieren más de nosotros, a ellos todo nuestro apoyo. Lo primero Hay un único culpable; el asesino, ese pagará su crimen. Lo segundo el inútil: “si yo hubiera” decidido que no me acompañasen; si no nos hubiésemos ido  antes o después, si no hubiese celebrado mi cumpleaños, todo eso es absurdo. La vida es multicausal, imaginen por un momento todas las decisiones que se tomaron antes de que ocurriera el hecho- no sólo la de Uds., también la de los piqueros-, aun con todas ellas si se pudiese armar una ecuación, el resultado seguiría rigiéndose por la incertidumbre, a tal punto que con todas las causas posibles de un evento es imposible determinar un efecto. Sólo la mirada de Dios es infinita y omnipresente; la del hombre , limitada y fugitiva , y gracias a la Providencia que es así, pues de lo contrario todo estaría escrito; sabríamos de antemano , minuciosamente, lo que va a suceder, la vida carecería por completo de sentido; sería aburridísima, y no lo que es: un maravilloso surtidor de sorpresas. Afortunadamente el destino no está  escrito; lo traza el hombre, que tiene que contar con un factor impredecible: el  azar. Hay una conexión estrecha entre el azar y la creación que todos y cada uno de nosotros hace de su propia vida.

  A pesar de que las probabilidades apuntan a  que los mayores deben morir primero, no implica que aun cuando tomes todas las medidas preventivas, estés protegido, blindado contra la muerte. Ella es una constante que te permite definir la variable que es tu vida: te podrías encerrar en un cuarto blindado y no salir jamás o desafiarla todos los días. Es que acaso Ud. hizo mal por celebrar su cumpleaños, por trasladarse a compartir con unos amigos, por irse a su casa cuando lo consideró conveniente. ¿Hicieron mal los amigos en acompañarla? Jamás. ¿Es que acaso lo va a dejar de hacer ahora? Si eso es así gana la muerte, pierde la vida, y aun cuando en estos momentos nos parezca cruel por haberse llevado a nuestra Caroll  con apenas 27 años y sin ninguna “razón”, -quién dijo que la necesita- Los que sobrevivieron son la demostración de  que la vida se impone, se yergue siempre contra la Negra Dama,   desde hace más de 4.000 millones de años, y lo seguirá haciendo acompañada por su alter ego: la muerte, que en elevadísimo porcentaje de casos , avisa y nos da tiempo para defendernos de ella y abatirla.

Juan David Porras Santana