4 abr. 2015

VERDAD Y REALIDAD, AMOR PROPIO, AMOR, AMOR

            

Tal como les ofrecí concluyo con este escrito la serie de cuatro breves ensayos sobre  consideraciones de carácter autobiográfico acerca de  la verdad y la realidad.
 Sin pretensiones más allá de la de proponer un diálogo sobre estos temas espinosos y complejos – en espera de encontrar en ustedes mis lectores coincidencias, disidencias, objeciones y aportes- , logramos ayer arribar a  el paso fundamental antes de enfilar proa hacia los Rugientes Cuarenta – se denomina así a la latitud dónde los vientos ululan y rugen, tal es su poder- de que conocerse a sí mismo debe enfocarse en el consciente y no en esa sentina que es el inconsciente . Aclaro, la sentina en un barco es   la zona más baja del casco circundante a la quilla dónde van a parar todas las aguas que llevan en su caudal generalmente suciedad , a veces como me ocurrió en mi embarcación EL ESPIRITU SANTO , mi medalla de bautismo y un aro hermoso que herede de mi abuela , llegó allí por un entrepaño del camarote de proa  , nunca los recuperé , asimismo puede ocurrir en el inconsciente , generalmente les decía en el anterior  va hacia él lo que desechamos mentalmente , y en esa corriente puede ser arrastrado algo valioso – lo que intenta recobrar el psicoanalista-  pero es tanta la basura acumulada en ese compartimiento estanco que es preferible usar la vía de acceso del consciente .
Quiero comenzar este ensayo sobre el amor propio y el amor , amor con pensamientos que logré acuñar  en mi escrito sobre mí mismo que presenté como trabajo final para graduarme en el Programa de Gerencia Avanzada del IESA, en la oportunidad de atar los cabos sueltos que había dejado en mi Juventud y que retome hace alrededor de diez años
Mi naturaleza me  insiste: eres animal sentimental, más que racional y yo le respondo: creo que tienes razón pero esa escisión desproporcionada, lo que manifiesta es mi predisposición congénita y la configuración llevada a término por las circunstancias. Ella me pregunta: ¿Podrás lograr un equilibrio a posteriori con esa extraña conformación?.
Los médicos me diagnosticaron desde manía – depresiva (bipolaridad) hasta esquizofrenia- está última errada-. Era obvio, había un desajuste en mi proceso de aprendizaje: todo lo sentía, no lo racionalizaba, en otros términos tenía predominantemente percepciones sentimentales valorativas y no cogniciones intelectivas, que me inducían a errar con frecuencia.
Luego estas equivocadas interpretaciones de la realidad, se convirtieron en actitudes que en muchos casos anularon mis aptitudes: qué penosa infancia, que inconsistente adolescencia y hoy a punto de cumplir los 50 años, descubro que todo era imaginario pero igual de real y por ende poderosamente perverso.
Muchas veces me he preguntado, si soy tan tímido, si tengo pánico escénico, ¿Por qué soy buen orador?, probablemente, por narcisismo; tengo miedo de ser y de compartir la existencia de tú a tú. Es más fácil y alimenta mi ego voraz, dictar una charla a un auditorio de 300 personas que irme con unos amigos de farra y hablar de mí y de ellos. Así de grande es mi terror: el de un imponente león cobarde. No, no, no, ¿qué digo? pero si soy valiente. He buceado rodeado de tiburones, claro está, los escualos no me juzgan,  pero soy incapaz de abordar a una mujer que sea bellísima, me conformo con la accesible, porque la primera tiene el poder de decir: no me gustas y eso no lo podría soportar mí engreído “yo”. Miedo a fracasar, a ser rechazado.
Necesitaba urgentemente un continente para mi disperso y disoluto contenido. Lo comencé a buscar en el prozac, litio, lexotanil, terapia cognitiva, psicoterapia., alcohol. Siempre lograba una revolución: giro o vuelta que da una pieza para volver a su posición original. Un círculo vicioso.
La solución siempre la supe, pero por su naturaleza era inaceptable para mí despótico  prepotente y todopoderoso “yo”: simplemente valor. Enfrentar los fantasmas, que de niño no me permitían dormir sin mi fiel compañera, la luz eléctrica y de adulto me impedían llegar a copular con  la mujer que más me gustara, sino a aquella que el “destino” me hubiese reservado.
 Un esclavo de mi propia incertidumbre (siempre me parecieron fabulosas las historias de la mitología griega, donde los hombres estaban a merced de los dioses). Qué equivocado; si lo maravilloso es tejer tú mismo tu destino, saber que cada acción tiene una consecuencia y es responsabilidad tuya, con ellas modificas y forjas el mundo real. La única forma de  libertad posible.
En general se piensa que el ego, el Yo, es el todopoderoso que nos hace engreídos. Pues no el cumple una función indispensable  de mediador entre lo que asumimos al comienzo de estos diálogos como la circunstancia o la otredad y mi formación valorativa y punitiva. En la psicología Freudiana es la entidad justamente mediadora entre el Ello – la realidad- y el superyó – los valores –
Así que puede ser YO o yo, gigante para compensar fuertes debilidades intrínsecas del Ser o por el contrario diminuto para plegarse- de manera imaginaria- a la realidad – complejos- al  Ello – valores –
En mi caso mi yo se comportó como un compensador de mi minusvalía de mi baja autoestima , erigiéndome en un rey de mi reino , la soledad , la causa el rechazo o dicho de una manera real de mi interpretación de lo que era sentirse marginado , como ustedes habrán constatado en mis relatos anteriores.
Al descubrir mi neurosis, la corregí por eso puede ocurrir que se perciba de mí, todo lo contrario a lo que realmente era, o sea un acomplejado por la fealdad y por una personalidad informe y no categórica como la de mi padre – referente valorativo-

 Hoy diez años después comienzo a reconocerme y amarme a mí mismo – frase que siempre me pareció cursi- hasta escuchar esta historia . Me relataba una amiga contemporánea que  decidió a los 50 años de edad, cambiar su vida, y empezó a indagar medios y caminos para lograrlo, encontrando de forma insospechada a un grupo que hacía nudismo, le llamo la atención y se decidió por unirse a ellos . El primer evento al que asistió se realizó en la playa, llegaban las parejas , familias y mujeres solas y se desnudaban de la manera más natural . Cuando se decidió hacerlo – con las naturales reservas de un iniciado- despojándose de sus vestes , sintió un placer que fue creciendo , a las dos horas compartía y se había olvidado que estaba desnuda. Juan David, me dijo: en ese momento me reconocí por primera vez, esta soy  yo , con mis pliegues , mis cauchos, mis senos semicaídos, coño pero sin máscaras , sin ropa ni maquillaje , el blue jean que me recoge la carne y las grasas y no sólo me aceptan ellos sino lo más importante me reconozco yo tal cual  y me amo como soy , no como estoy , permítanme este inciso de paso está más buena que el pan de piquito o comer pescado frito con las manos

 Tan sencillo y vertical como una caña en el cañaveral decía el poeta cubano Nicolás Guillén  y tan verdadero y real.
Que puede ser más consciente que la desnudez humana, mi amiga ratificaba con hechos lo que yo he estado teorizando y practicando desde otro ángulo, desnudar mi consciente para llegar a la causa de la ruptura entre lo que es y lo que pienso.

 Mi vida como la de la amiga cambió más o menos a la misma edad por caminos similares llegamos al amor propio. En mi caso la timidez fue sustituida por una ponderada existencia que por mi naturaleza tiende a la soledad pero no por miedo al rechazo sino porque soy un navegante en solitario al que gusta detenerse un algunas islas paradisiacas o no, a disfrutar sobre todo del género femenino , ahora soy yo el que las busca y las corteja , disfruto de su compañía en todos los sentidos . Son mis amigas, mis colaboradoras empresariales, mis amantes, mis novias y lo que le da sentido a mi vida. Como escribí en mi dedicatoria de Químicamente Puro: lo único realmente inquietante, le añado vibrante.
Y eso para mí es el amor, amor
Reproduzco a continuación un poema que permitirá al amigo y amiga lectores tal vez visualizar lo que en estas breves líneas he tratado de comunicar

                         LA COARTADA  CONVINCENTE

              Soy un niño bueno me reconozco y me acepto
              Tengo para ello  una coartada convincente:
              Un pesado corazón
              Brillante y oscuro como la luna

              Soy culpable me reconozco y me acepto
              Tengo para ello una coartada convincente:
              Papá  murió sufriendo para salvarme

              Soy un zángano me reconozco y me acepto
              Tengo para ello  una coartada convincente:
              Me he tirado a la mujer en la que todos piensan
              Pero  bajan la mirada cuando la tienen de frente

              Soy sagaz me reconozco y me acepto
              Tengo para ello  una coartada convincente:
              He podido sobrevivir a pesar de mi tara
              y mi turbidez mórbida para el razonamiento

              La pereza es mi gran atributo,
              no la reconozco ni la acepto
              Porque me cansa para ello, 
              buscar  una coartada convincente.



                                                             Juan David Porras Santana