26 mar. 2015

DERIVA


A Marisol Vieira


Asumí  la vorágine de tu intemperie
Mojada, eras sumisa ante mis ojos
A cántaros se nos venía el cielo
Y la marejada a  dentelladas nos devoraba
El diluvio fuente eterna de renovación
parecía la espada del arcángel exterminador

Ceso la lluvia, ceso también tu corazón
Solo te mantenía viva la angustia de morir
Te lleve mar adentro con la esperanza
de su poder sanador
El que todo lo cura decía Platón
Eras telúrica, tus raíces el agua pudría
Como un cadáver insepulto te deje ir

Vagué los siete mares, insolente
a nada temía, las gigantes olas verdes
del archipiélago Vanuatu eran yo y su jade
nada me era impropio, todo me pertenecía
Solo tú mujer de mis ensimismamientos
Solo tú mujer  me hacías sentir desamparado
naufrago, gritaban los marinos  a cada brazada
Sus mujeres apiladas en el puerto los esperaban

La recalada fue de noche e inesperada
Caminé hasta que el horizonte filtraba la luz
Allí estabas erguida y con las manos extendidas
Me recibiste como si nunca te hubieses ido
No venía del más allá, su beso supo a café
su cintura hacía la curvatura que cimbra
su cabellera era una fronda de oscuras magias
sus ojos miraban con tal humanidad a
aquellos cuencos blancos míos de tanto nadar
Recuperándome de la deriva , ciega huida
que siempre repetía cuando en la mar morías

Juan David Porras Santana