17 ene. 2016

VIVIR ES UN DEBER



                                                       

El frío abismo corría a mi lado, era la nada.  Miles de Ñu van en tropel hacia la vida o la muerte en el río Mara, calmar la sed de meses o ser devorados por las fauces de los cocodrilos. La mayoría viven, algunos mueren en este ritual ancestral de la supervivencia que en nada cambia.

Innata e invariablemente los animales repetirán estos patrones de supervivencia, estimulo–respuesta. No es un deber para ello tendría que existir conciencia para que lo fuera, es el instinto de conservación, el motor de su vida .

El frío abismo corría a mi lado, era la nada. Apareció el placer y los instintos se convirtieron en pulsiones, se hizo mestizo el ser, convirtió el motor vital de los instintos en la medida en que se fue mezclando con la razón y los valores. Al punto que Thanatos la pulsión de la muerte puede llevar al suicidio, los animales no se suicidan, un hombre bipolar tiende a ello. Pareciera entonces que si puedo disponer de mi vida convirtiéndola en muerte, es un derecho.

El frío abismo corría a mi lado, era la nada. Aparece el espíritu que es superior a la conciencia, es la manifestación de algo distinto de mí mismo que me obliga que subyuga que me inspira que me hace creativo que me hermana con mis congéneres y que condiciona a mis instintos, pulsiones, inconsciencia y conciencia. Es la búsqueda del sentido de la vida que va más allá de las necesidades, los deseos, del placer. Sin el serías un implacable depredador, un hedonista como Calígula sin medida para satisfacerse en lo abyecto.  Tu estado de bienestar sería el alcance máximo  de lo humano. ¡Qué triste  vivir!

Sin una razón más allá de ti mismo, el espíritu. No se hubiese compuesto la novena sinfonía de Beethoven, Rigoberta Menchú con el dinero del premio Nobel no hubiese creado la Fundación Vicente Menchú para ayudar a los más necesitados, Cristo no hubiese lavado los pies de los apóstoles 
El frío abismo corría a mi lado, era la nada. Decidí saltar y no había fondo, caía y caía en el vacío existencial. Que se alimentaba compulsivamente de mis deseos que se convirtieron en vicios, cuando consumido por mí mismo estaba a punto de morir , sentí que tu cálida mano recorría mi espalda desnuda ,voltee y el encuentro con tu comprensiva mirada despertó en mi, primero egoísmo , sentí que si me querías como no me iba a querer yo . Y si tú eras capaz de demostrarme amor sin esperar nada a cambio, sino por el placer mismo de ayudar, me  habías  conectados con mi espíritu simple y llanamente a través del altruismo. Gracias humanidad

Juan David Porras Santana