24 ene. 2016

COMETA DE LARGA COLA







A María de los Ángeles  Cervantes

Aquellas noches
dónde nuestras gargantas
eran el campo de batalla
de nuestras lenguas
en una lucha cuerpo a cuerpo
que sin piedad ocupaban todo
el espacio carnal y sus vanos

Ardían, nuestros cuerpos
poseídos por la vehemencia
rechazando  la intervención
divina y los exorcismo
Crujían los huesos,
estertores lupinos gemían
al fin nos habíamos descubierto,
los novios amantes

Aquellos senos perfectos,
centro de tu erotismo
Los devoré con ansias
de dominarte, complacerte
Cuando asomaba la luz cruda
del nuevo día
El daño y el placer eran evidentes,
arrepentido bajaba mi cabeza
y  mi vanidad se henchía

La noche regresaba
con ansias de carne y sangre
Mi arrepentimiento era tan falso
como la risa de las hienas
Me pedías más dolor y placer
como un masoquista a un sádico
Y nos complacía el éxtasis
que precede a la razón y al sentimiento

Eras tan fervorosa
que anunciabas el fin del mundo
y mi perversidad  te recordaba
el amor de los Etruscos
Como un cometa de larga cola
nos dibujamos en el azul
del primer amor
que por incendiario se alejó de la tierra

Juan David Porras Santana