30 jul. 2014

TODO O NADA: UN NO AL CORAZÓN PARTIDO


         

Me siento tan disminuido que a veces me toco el corazón para ver si todavía late, en mi caso lata -de aceite Castrol-.
No lo hago por razones sentimentales sino puramente para ratificar  mi condición de superviviente.
Nada que ver con aquello de: “pienso luego existo”, o siento luego soy, simplemente: respiro luego estoy vivo.

Cuando me enviaste el hermoso escrito del corazón partido, pensé- sí, no te asombres-  no estoy de acuerdo con la moraleja, tú eres una muestra palpable de que el corazón que sirve, es el invicto. Permíteme una licencia disquisitiva.

Mucha gente realmente cree que el órgano sentimental es el corazón, y que el cerebro es el intelectivo y no pueden ni suponer que ambas funciones están alojadas -si pudiésemos hablar de localización y de funciones en el plano del espíritu- en el cerebro.
Oh, gran descubrimiento  Juan David eso lo pensará un campesino Guatemalteco, no yo, discernirás inmediatamente..
Si supieras que el sentido de lo que te quiero comentar no es geográfico, no estoy afirmando que el espacio que ubica al corazón es el cerebro, él no tiene espacio; simplemente trato de aproximarme desde lo cognitivo a la metáfora sempiterna d’ il cuore.

En qué momento de nuestra evolución el instinto de procreación se convirtió de un impulso ciego pero certero, en uno más ciego pero falible, simplemente el inequívoco sentido de selección de la hembra animal con respecto a su par macho fue sustituido por el AMOR, como indicador de: ÉSTE ES

Especulando, cuando el instinto dejo paso a la primeras disquisiciones y desvaríos amorosos una mezcla de emociones, sentimientos y porque no, razonamientos, la selección se convirtió en cosas del corazón.
Tratar de conciliar las fuerzas de ese nuevo corazón, con el instinto y con toda la gama de sentimientos que se presentan en el espectro confuso del ser humano del siglo XXI, es lo que tu y yo sufrimos ahora y para siempre.

No es una condena, es simplemente una realidad en la que reconocer que el equilibrio entre lo que pensamos y lo que sentimos es casi imposible, o por lo menos es un ejercicio permanente, una pugna entre Woody Allen y Mia Farrow, el resultado una larga dialécticas sin solución de continuidad: lo inconducente
Por eso nos cuesta tanto; lo que quiero, lo que soy , lo que no estoy dispuesto a repetir, lo que jamás permitiré, lo que deseo, lo que espero....................................................................................................


Juan David Porras Santana