27 jun. 2014

LA POZA AGUAMIEL




La cascada reposa sus aguas en aguamiel
Se diluyen en ella las piedras del cielo
La grava del fondo, relicto de diluvios sin fin
La columna de agua es la gradación del verde
Que en su agónica pérdida de luz se hace gris

Bajo la cascada
un pequeño nicho nos resguarda
La hemos llamado la cuja de los novios
Sentarse en él,
es reinar como dioses del amor y del agua
Todos los olores de la selva
se convierten en densos viajeros del aire
Como si los heliotropos, las orquídeas
fueran por un soplo de la nada ,
los aromas de lo inextricable

Nuestros sentidos volaron
Somos cuerpos trenzados
Como un brazalete Zulu ,
esmerado por la devoción a lo amado
Afueran observan a través de la cortina de agua
Y nos confunden con dos cobras
apareándose o acabándose
Jadeantes nos traga
el torrente de sudor y de agua

Aguamiel, siempre y sin vacilaciones
El trueno que antecede la precipitación
de la sustancia de que está hecho el trópico
De la sangre que se dispara del corazón
hacia la conjunción de los resueltos genitales
Las bocas, dos cayenas rojas que se canibalizan
El empuje del agua
permite la penetración a lo insondable
Allí no hay límite
entre el esfuerzo tenaz y el prolongado orgasmo

¡Ay aquel remanso de dos cuerpos!
Hechos agua de manantial profundo
Que se anhelan y se constelan
por la belleza del acto y del continuum
de la vorágine de la selva
y su entramado lenguaje

Juan David Porras Santana