22 jun. 2014

EL ATOLÓN DE MEDEA





Línea equinoccial eres el Vellocino de Oro
La búsqueda que hace de sí misma  la huida
La imagen inequívoca sobre aguas cristalinas
Todo lo escrito para ti, mi Medea, lo devoro
No hay traslación; simple y metódica mitología
Sí, de ustedes heredamos el arte de narrar
Del cual he hecho mi epifanía, Medea mi guía
Tus muslos dónde encajo mil veces y mil más
Dónde agoto mi erotismo y muto a lo innombrable
A lo que me muestran los cuencos blancos de tus ojos
Tu hechicería te vuelve brisa ante tanta agonía
Desesperados nos perdemos  en gigantes hogueras
de aquellas que avivaron las primeras orgías

Medea no me protejas quiero que sientas mi poder
que no está en la magia, sino en estas aguas turmalinas
Que cuando rompo el espejo de agua y te entrego el pez rojo
Soy un Argonauta que te entrega su viril cosmogonía
Y no espera nada a cambio , solo ver tu dorada piel

Quedémonos  aquí, a veces avanzar es esperar
Pero una espera sin recompensa, sólo esperar
Y veremos que sin querer el destino se hará insólito
Hasta para ti que todo lo puedes avizorar,
aun así, te sorprenderá


¡Qué aislado y místico este abandonado  coral!
Medea, rodeado de la paleta  sustantiva de azules
Vivificamos nuestras almas en la costa de barlovento
Aquietamos nuestros demonios en la costa de sotavento
Nunca pensé en el bienestar de vivir en un grano de sal
Siempre que tú en él, me correspondieras
Medea eres esta isla
dónde nuestros huesos se confundirán
con la blanca arena que consiente la mar

Juan David Porras Santana