17 oct. 2014

LA MEDIA LUNA




                                                                     

         A mis queridas amigas que creen que soy un Don Juan


En una clasificación tentativa de los diferentes status del hombre, encontré ésta que me pareció reveladora del proceso de los estilos masculinos y hoy de asunción plena por un grupo cada vez mayor de féminas. Según el autor Jean Cabrité, existen cinco tipos de hombres: soltero, casado, divorciado, viudo y mago. A los primeros cuatro fenotipos harto conocidos, este riguroso antropólogo le adiciona un quinto, el mago y lo define como el DON JUAN  que echando un polvito  desaparece. Seguro estoy que de inmediato pensaron  ese es el arquetipo de Juan.

Reflexionaron y se reprocharon su aprehensiva respuesta.  No, no y dónde está el polvito?.  Porque en lo de desaparecerse  definitivamente ni Houdini tenía tanta habilidad escapista,  pero de aquello- una rica cogidita, bueno aunque fuera simplemente un coito sexigenario- nada.  Por supuesto, mis inquisitivas amigas, de inmediato  se preguntaron: a cual pertenece Juan? A ninguna.

¿Pero qué le pasa a nuestro Juan; no le gustamos, no tiene necesidad de sexo- con toda esa autopromoción del hombre del aullido Lighthouse, será un gay que está escondido en el guardarropa de la mamá castrante; Juan Francisco seguramente lo anuló con su personalidad eclipsante?. No, no, ya sé,  es un Don Juan y tiene tantas amantes que se da el lujo de hacer sufrir a las más recientes y ávidas adquisiciones para después poseerlas en estado de desesperación, de manera que con un simple roce de la vulva, ésta vivirá una orgía a lo Calígula.

¿Pero realmente eso es lo que queremos de nuestro amado Juan?

El tonto, para variar, me malinterpretó anoche, siempre complicando cuando no es necesario interpretar y reduciendo a la cerdedad lo sublime.

Es que acaso él no puede responder- ya que es incapaz de proponer- nos vamos a dormir para mi casa. No, el lacónicamente dice: yo también  quiero que no te vayas. Todo esto mirando hacia el cerrojo de la puerta y con la mano en el encendido del motor.

Esto no me puede estar pasando, se repite una y otra vez en la mente; será que este cabrito es un presuntuoso o realmente es catatónico?

YO estoy postrada a punto de aullar como las holandesas del faro pero no de placer, sino de desesperación. Bingo. El coñito lo que está es utilizando la vieja técnica oriental de la retención sensorial de manera de represar el placer, y una vez al borde del abismo daremos nuestro paso al frente para alcanzar el vértigo de la caída y la perdición del “Imperio de los Sentidos”

No, no, no me convence y mucho menos, luego de escuchar sus explicaciones elusivas sobre lo asíncrono de los tempi- pulsaciones en las punciones al corazón- y de los estilos, aun cuando razón  y sentimiento estén alineados.

Si Nietzsche lo expresó con tanta claridad mi amor, la felicidad es una ecuación lineal simple: un sí, un no, una línea recta y una meta.
Juan, por favor aprende a decir no, si despejas esta variable de la fórmula nietzscheana  un no  =  si------------------ tú,  y dónde quedo YO Juan, en el lado claro de la luna.


                                              Juan David Porras Santana