17 oct. 2013

LA AFIRMACIÓN DE QUE DIOS EXISTE


                                Dedicado a los  que quieren que Dios bajé de las alturas
                                para  estar entre nosotros

Si Dios es un acto de fe, los únicos seres vivos que tienen esta virtud
son los humanos , ergo Dios dimana de ellos


Salí en busca del niño Jesús,
33 años después lo encontré clavado en la cruz.

Yo de niño bajé con Marcelino pan y vino a hablar con Cristo crucificado,
nunca lo escuché.
Mi fe se acrecentaba
cuando, acostado en la hierba, dibujaba con las estrellas la Santa Cruz
En las procesiones del Nazareno, vestido de morado, lo seguí con la corona de espinas en cada estación

De adolescente, el cura de la iglesia de mi parroquia, de facto me excomulgó:
- Tú no vienes arrepentido, no regreses.
Y solamente había cometido una falta, ni siquiera pecado mortal.

Mi padre cuando veía una iglesia inmancablemente me decía:
-Parecen apariciones de un tiempo distante y ajeno a nuestra realidad.

Pensé, atisbé, presentí, intuí que el ser humano podía ser monstruoso y hermoso,
que subía cada peldaño de una escalera hacia lo transpersonal
y la Iglesia descendía por otra hacia el averno del poder estéril,
donde con todo, no se hace nada que no conduzca a más poder.
Se parecían tanto a Luzbel, a Hitler, a Stalin, a Mao Tse Tung,
a los políticos de nuestras lánguidas naciones.

Revisé la Biblia y encontré que las parábolas
eran metáforas escritas por poetas que hablaban de la mujer, del hombre común
y que Dios estaba en el reino de los hombres.
Nunca ascendió al Reino de los cielos,
quedó entre nosotros porque era uno y todos.
Me sentí aliviado, qué hermoso constatar que no hay una entidad suprema que rige nuestros destinos,
somos lo mortales humanos comunes que hacemos que Dios crezca,
con nuestras acciones, en nuestros corazones.

Juan David Porras Santana