15 dic. 2014

LA MUJER QUE SE DEVORA A SÍ MISMA


                                        A Luciana de Luz

Las dos almejas gigantes de sus ojos
devoraban todo
No necesitaba los hechos, la acción
La información pasaba directa a sus
estrechas y aterciopeladas entrañas
Allí las cosificaba de manera
de vivir un orgasmo permanente
Que  renovaba  su ropaje
cada vez que las almejas devoraban

Aprendió muy temprano que su inocencia
La haría la reina en las mentes aviesas
Una extraña  candidez  que alimentaba su morbo
Ver a tantos hombres desearla  y sembrarles la culpa
Soy una niña, si muy bien dotada  pero en fin
los hacía sentir como unos ancianos pederastas

Así como la inanición
obliga a consumirse hasta los huesos
Ella decidió devorarse
el bien  más preciado de si mima
el espíritu objetivo para que no la gobernase

¿Cómo haces para siempre estar inmaculada?
Le preguntaban las amigas
Y a todas contestaba, renuncié a mí ser en sí
Así seré siempre como el alba: una espera ansiada

Juan David Porras Santana