23 mar. 2016

DEL AMOR, SUS CONJUROS Y CONSPIRACIONES







"Si nos volvemos hacia una realidad más grande, es una mujer quien nos tendrá que enseñar el camino. La hegemonía del macho ha llegado a su fin. Ha perdido contacto con la tierra". 
Henry Miller.


El amor es la quintaesencia  de la mujer, es su ser constitutivo. En el hombre, el amor  es coyuntural y lo aprende sólo y únicamente a través de la mujer. Éste a fuerza de poseer cree extender sus dominios cuando conquista a una mujer y la pierde cuando como un niño desecha un juguete al que desarmó para conocer su ser en sí. Los hombres son como los músicos, entran, tocan y se van.

Estamos hechos para lo básico y con ello creamos desde las obras de arte más sublimes hasta las más atroces guerras. Las mujeres por el contrario son la creación en sí misma, el ser más delicado y por ello un instrumento de precisión para atisbar más allá del conocimiento en sí, maliciosamente divinas. Así debe ser,  su misión lo impone: cuidar y proteger la trascendencia que no se limita a la procreación y permanencia de la especie, sino a garantizar la razón de ser de la propia existencia. 

Ya lo dije en el día internacional de la poesía, que la mujer es la gran motivación, no sólo por la procreación, sino porque ella guarda el secreto del sentido de vivir en su erótica y poderosamente atractiva mente en  contradicción con el instinto de la muerte-Eros versus Thanatos- y permanentemente tiene que hacer uso de los más sofisticados artilugios para que nosotros los infantiles y soñadores hombres lo recordemos y actuemos en consecuencia.

En una oportunidad le pregunté a una amiga ¿Has pensado alguna vez porque eres tan femenina?
Eres una de las expresiones vivas del poder del instinto más elocuentes que he conocido. Escogiste a un hombre con superioridad en la aptitud espacial, tanto así, que ejerciste tu primer rol de madre con él, al enseñarlo con el poder de tu adaptación filogenética. Lo preparaste para el oficio y luego el amplío su área  de influencia, lo que te garantizo el poder tener un hijo en condiciones de dedicación casi exclusiva, al cual le has dado la protección para la cual estas mandada a hacer desde los genes hasta el último resquicio de tu espíritu objetivo.

Y la magia de tu feminidad está, en que los hombres somos competitivos y en el amor es nuestro principal leitmotiv, ustedes son profundamente eróticas  y románticas, ya lo decía el genial e ingenioso Oscar Wilde “Los hombres siempre se empeñan en ser el primer amor de una mujer. Las mujeres prefieren ser la última novela de un hombre.”

Juan David Porras Santana