7 abr. 2013

“Y DIOS CREÓ A LA MUJER”


                                                               

Creo firmemente- al contrario de lo que comúnmente se dice- que en esta época donde la mujer lucha por la igualdad con respecto al hombre, tal vez sea el momento de la historia, donde – gracias a Dios- se patentizan más nuestras profundas y atávicas diferencias.

 No es un asunto de roles, funciones, derechos, allí lograremos la igualdad en algún instante cierto del devenir evolutivo.

Lo que distingue a los géneros está inscrito en lo más profundo de nuestro ser; está en el espíritu. Ente autónomo superior  que se sirve del cuerpo para cumplir con su misión: la trascendencia.

Muchas veces me han dicho: Juan David tú no vas a trascender, porque no tienes hijos. En esa frase se recoge una trampa existencial: ¿trascender es igual a procrear?, ¿sólo a través de la descendencia genética algo de nosotros se transmite a otro ser?- a otro cuerpo con un origen común eso también lo hacen los tigres y las bacterias; estas últimas  con más eficiencia que el homo sapiens. ¿Qué pasa con el espíritu? Es el que se marcha a la paz eterna del cielo o se carboniza una y otra vez en el infierno. No, es el que trasciende, no solo utilizando la descendencia, sino un medio más eficaz: la conciencia colectiva.

Hazte esta pregunta: el espíritu de Enstein ¿está diseminado por su prole- tuvo un hijo y ni lo trató- o por el conocimiento que nos legó?

Oye Juan David pero tú no eres Enstein. Estoy  de acuerdo, pero este genio no se recreó en la mujer. Sin ella posiblemente mi espíritu se habría perdido, no sería el mismo hombre  que escribe esta carta hoy. Pero esta carta no tiene la trascendencia de la teoría de la relatividad, posiblemente no la lea nadie más que yo y tú, y así no fue acaso que comenzó todo con un tú y con un yo.

 Te imaginas la diferencia de ese primer hombre y esa mujer con respecto a nosotros- bueno si eran Adán y Eva han gozado muchíiiiiiiiisimo más que nosotros-  abismal. Se estima que antes que tú y yo nos conociéramos y nos amáramos nos antecedieron 28.423 millones de seres humanos. Seguramente somos el fruto más elaborado de esa orgía planetaria.

 ¡Esa es la diferencia!.  
                                                                               
                                                               Juan David Porras Santana
                                                                                
 

                                          SAINFORD