30 abr. 2013

LA CENA DE NAVIDAD DE MISISS GUERRERO



                                                                Para Juan David Porras Santana

Hoy su madre sorpresivamente le dijo: Juan David, tu serías un buen Padre. El se sonrío y le dijo: cuando veo a mi hermana – que estaba presente-  a Belkys, el amor y la sapiencia con que tratan a sus hijos, no hago sino llenarme de asombro y me siento tan disminuido en el ejercicio de  la paternidad que me respondo a mi mismo: no creo haber podido hacer algo tan desprendido. Su madre inmediatamente le ripostó: el rol del padre es distinto. Se quedó viendo a su papá y entendió, lo que ella le quería decir, pero era algo con lo que él, no estaba de acuerdo.

Vino a su memoria el verso de Vallejo: “Mi padre duerme, está ahora tan dulce, si hay algo en el de amargo seré yo”. Recordó perfectamente  o reconstruyó para aquilatar el descubrimiento, el momento en que la lectura de ese verso sacudió para siempre su hostigado corazón. La dualidad de un alma en pena, que  aun mismo tiempo rebosaba de alegría;  comprendió como un relámpago, la dulzura y la amargura de ser padre y de ser hijo, y optó entonces por ser hijo para siempre. Allí  su sino, allí su destino que no es más que su voluntad o la falta de ella- al final es simplemente un medio para alcanzar un fin-en este caso, renunciar a priori a la lo que Juan Pablo II denomino: «en una sola carne», refiriéndose  a la trascendental decisión de un hombre y una mujer de convertirse en padres.

Siempre he dicho que en vez de convertirse en un lobo estepario, lo cual era su intención como podrán colegir por lo que les he narrado, terminó siendo un cordero sin rebaño. Hoy, que se acercó a su hogar materno, hoy que sintió tan ajena la navidad, pensó en  mi cena de navidad, yo sabia lo que me diría a las 11:30 PM,   y en un mundo predeterminado,  como ha decidido tener- aun cuando él, no lo quiera reconocer -
donde no hay sorpresas, donde es un experto gurú, chaman de profecías auto cumplidas, de vaticinios de lo ya vivido, que los transforma proteicamente en nuestro porvenir.
                    
Ayer, y no hoy te vi con tu hija, corazón 
Se amplificó entonces mi estrecho discurrir
Ayer me recordé que quise ser hijo una y otra vez
Naufragué, naufragué, sólo mis manos te miraron

Los ojos se encapotaron como siempre, cuanta embriaguez 
Los tuyos estaban grandes, muy grandes, certeros, arteros
Listos para el sexo que asalta y se enrosca como una cascabel
                      
Crótalo sinuoso en la arcilla de Babel, gira anda gira
Es que no te has dado cuenta que ella y por encima de todo, ella
Razón de ser, latido, huella, umbral, senda, baraja
                        
Erguido caminaré convencido, lo escrito, escrito está
Las bodas de la guerra no son en las trincheras
El campo abierto está para soñar que
Frankenstein quería una novia que fuese como él

                                                   

                                          De   Juan David Porras Santana