8 abr. 2013

MIENTRAS DORMÍAS


                                                                                 Sayanah blogpost. com
  Para los Tibetanos el Kung long indica aquello que en cierto modo inspira o impulsa nuestros actos, tanto los que nos proponemos realizar directamente como los que son de alguna manera involuntarios. Designa el estado global del individuo en lo relativo al corazón, la mente y el espíritu. Cuando es un estado integro, se colige que nuestros actos serán éticamente íntegros.
   El viernes en la noche, en donde tus acciones anteriores al evento que suscita este escrito, me conmueven y me hinchan el corazón como un spinaker( vela balón que se redondea al ser impulsado por los vientos de popa), pienso por un momento en los detalle( Dios está en los pequeños detalles), cambiarte por ejemplo las botas por una sandalias, porque sabes que me gustan, eso es amor simple y puro.

 Yo soy un ser vitalmente infeliz y éticamente feliz. Mi conducta aun cuando sometida a los rigores de la bipolaridad, actúa Kung long: si corazón y mente actúan en sintonía, reina el espíritu y soy pleno. Una puntada en el corazón o en la mente descalabra la frágil ecuación. Eso fue lo que ocurrió en el momento que salí al baño, no cuando regrese; tu mente estaba en otro lugar. Eres tan amorosa y cortes conmigo que has sido capaz de colocar en suspensión anímica tu poderosa mente esquizoide- metafóricamente hablando, -la apagas y la prendes a voluntad- para dedicarme el momento. Esa fragmentación de la conciencia y del inconsciente es tu Kung Long.

  El problema no es que te falta el tiempo, sino que tienes demasiados contenidos heterogéneos por cada unidad de tiempo, me asombra que no hayas colapsado, se lo debes a tu temperamento: Doña Bárbara. ¿Quiere acaso esto decir que eres vitalmente feliz?
Pienso que no. Descubriste tu prozac años atrás, cuando te diste cuenta que estar un minuto contigo misma era insoportable, y te preguntaste como se puede huir de uno mismo y estar con los demás. Fue cuando tomaste la decisión de convertirte en esquizoide: un pedazo de mi para cada quien y ninguno para mí.

  Todas las condiciones estaban dadas; tú disciplina funcional, eres un samurái. Tu poderosa energía vital: la máquina del movimiento perpetuo. Pero hay algo que atenta contra tal decisión, tu corazón tiene una capa de acero relleno de un exquisito requiebro, que confunde al incauto o al más perspicaz de tus admiradores o detractores.

  Recuerdo que un compañero de clases en el Santiago León de Caracas me decía café negro, por lo amargo. ¡Qué equivocado estaba el bastardo!. El rictus en mi rostro, mi soledad no era por amargura, era por su opuesto, la dulzura. Como dice Sam Mendes en su película  American Beauty: “Sé que podría estar bastante enfadado por lo que me pasó, pero es difícil estar enfadado cuando hay tanta belleza en el mundo. A veces siento como si la viera toda a la vez y es demasiado. Mi corazón se llena como un globo que está a punto de estallar... y entonces recuerdo que tengo que relajarme y no intentar aferrarme a ella, y entonces fluye a través de mí como la lluvia y no puedo dejar de sentir gratitud por cada simple momento de mi estúpida y pequeña vida” .

Esa noche cuando caminaba hacia el baño amé tu esquizofrenia, tu necesidad de mí, tu altivez, pero sobre todo tu deseo de avenimiento, cuando  sobrepusiste a tu impulso primario, la incomprensión de mí, y eso no lo pude resistir.

                                                                    Juan David Porras Santana