27 sept. 2012

MARÍA BELÉN GARCÍA MARUGÁN: MUJER

El último misterio para mi capacidad, ganas y tiempo, es la mujer: lo único inquietante y vibrante que sacude mi ser.

Indudablemente  que si hiciéramos la misma pregunta a Dudamel a Eduard Punset a Félix Castillo o a la mismísima María Belén, posiblemente habría un común denominador en sus respuestas: no hay un último misterio cada día nos surgen nuevos y más poderosas enigmas, lo que amplía el espectro de lo que llamamos el inagotable y gran misterio de la vida.

Por supuesto que tienen razón pero mi ansia de saber se circunscribe a algo concreto , telúrico y a la vez lo más abstracto con que me he topado: la mujer. Para Friedrich Wilhelm Nietzsche  el misterio de la mujer estaba en la preñez. Reduciendo lo femenino a la procreación para engendrar superhombres y ser el juego y el descanso de estos. Una simplificación que por lo demás deviene machista, sobre todo si consideramos la condición de homosexual del filósofo alemán.

 ¿Pero que nos puedes revelar tu Juan David: pichón de poeta, naufrago de tantos derroteros frente a este coloso de la ontología?. Que no hay claves para descifrar a la mujer, están hechas de universos paralelos y viven en tiempo presente, al punto que sólo nos necesitan para que las hagamos soñar, para que elevemos sus alados pies  que morfológicamente parecen etéreos pero que son poderosas raíces asidas al centro de gravedad de la tierra. Por eso les encanta que las invitemos a bailar, a hacer el amor, porque están construidas de música, de efluvios, de vanidades sobre los huesos de un Tiranosaurio Rex .

Esta definición es tan parcial y tan retórica que habría que oponerle una prueba, comparándola con una mujer de la existencia, para ello he escogido a María Belén  García Marugán.

En la inquietante sala de espera me surgió la visión intuitiva de los universos paralelos de MBGM. Cumpliendo una vez más con el rol de protectora me llevaba al médico con la seguridad de que pronto me sacaría del hoyo, como en otras ocasiones lo había hecho.

Mi padre Juan F. Porras Rengel, filósofo, siempre me repetía: un objeto no puede estar en el mismo espacio y en el mismo tiempo: de allí  el poderoso concepto de la individualidad: o se es una cosa pero no puede ser dos en esta categoría témpora- espacial. Una rosa no puede ser una pantera, si ambas están ocupando el mismo lugar y el mismo tiempo.

Perfectamente lo entendía; hasta que un día escuche la propuesta de Everett: El Principio de simultaneidad dimensional, establece que dos o más objetos físicos, realidades, percepciones y objetos no-físicos, pueden coexistir en el mismo espacio-tiempo. Este principio sustenta la teoría IMM y la teoría de Multiverso nivel III.

Por lo tanto lo que no podía observar- una de las limitaciones del mulltiverso-  lo podía percibir en la sala de espera mientras los hombres eran  unidimensionales, MBGM estaba sin que ella lo supiera navegando en el mismo tiempo pero en varias dimensiones.

 Por supuesto que esto no resuelve el misterio, si acaso el de la ubicuidad. Más no el de la mujer pero como decimos en criollo me entró  un fresquito, porque cuando digo que la mujer es inquietante, vibrante es porque es inasible, se transporta por encima del tiempo y del espacio mediante espejos que reflejan su imagen en distintos tiempos y lugares, ese don inconsciente le fue otorgado para cumplir no con la procreación como determina Nietzsche, sino para asegurar que su par que originalmente era indivisible a ella, no se extraviase en juegos, sueños y hazañas, sino que junto a ella, e imposible sin ella, fuese la navegante de una nave única que lleva un piloto (ella) y un pasajero (el)  a través de la mar sin fin de universos.

Juan David Porras Santana