17 sept. 2012

EL ARTE DE UNA HALLACA Y UNA ROSA



 Para Belkys Guerrero

Cuantas veces me he preguntado qué es el arte, como decía San Agustín con respecto al tiempo: mientras no me preguntan qué es el tiempo, sí lo sé; pero apenas me preguntan  qué es el tiempo, ya no lo sé. Es lo que él llamó, una distensión del alma, el tiempo se torna subjetivo.
Para que se pueda comprender y hasta palpar: si estoy con Belkys el tiempo se achica, no es suficiente, quiero eternizarlo. Cuando estoy con Sharon, qué fastidio, se lo quiero devolver a Cronos, con todo y  actriz.

El arte se nos revela de una manera diferente al resto del conocimiento ; lo percibimos a través de los sentidos, como todo lo que proviene del mundo real, pero a diferencia del resto de la información, éste activa simultáneamente las emociones , la memoria y la inteligencia, produciendo un efecto en el ser, de plenitud espiritual que nos devuelve al ser en sí, y no a ese fragmentado individuo que a veces reacciona emocionalmente, otras mediante la reminiscencia del rompecabezas de la memoria,  y otras con la frialdad de una calculadora.
Puedo recordar con detalles cuándo se reveló en mi  el color como elemento de la estética : la arcilla compacta, iridiscente y ancestral del camino que el hombre había horadado frente a mi ventana con un fin funcional: que los obreros de una construcción acortaran camino pero que en mí, se convirtió en goce estético que permanentemente afloraría , como me ocurrió frente en las cuevas de Altamira; mi emoción, memoria e inteligencia  fueron disparadas simultáneamente por los bisontes rupestres delineados por las manos de alguien que saltó por encima de la muerte: inmortalidad en la oscuridad  por la  luz de la obra de un configurador.

Aquí viene el salto dialéctico: ¿puede ser la más perfecta y bella rosa, arte; acaso el más delicado canto de un ruiseñor, lo es? Jamás. Ni siquiera por el hecho de que la hubiese visto antes Monet, y la hubiese convertido en una de sus pinturas. O que  al trino de nuestro fantástico  ruiseñor, Mozart lo incorporase  en una línea melódica de oboe  en su opera, la Flauta Mágica.

¿Pero la  alta cocina si es arte? Coño vale no puede ser que tampoco, no seas iconoplasta perdón, clasta  ¿Puede ser una hallaca como las que te voy a hacer, mi Rey una obra de arte? Tú eres una obra de arte Belkys, uno no puede sino am-arte

Pero lamentablemente ni siquiera la Lubina con vieras y ceniza de pueros de Juan María Arzak  puede ser considerada una obra de arte, susceptible del fenómeno estético. Es maravillosamente un producto gastronómico de la excelencia, pero nunca una obra de arte. Dalí sostenía: “los órganos más filosóficos del hombre son sus mandíbulas”; en los lienzos “Construcción blanda con judías hervidas, Premonición del la guerra civil” y “Canibalismo de otoño”, representa escenas íntimamente relacionadas con la comida y los alimentos otorgándoles un carácter oculto y hasta místico, pero es el huevo frito el elemento que podemos observar en varias de sus pinturas: “Sifón largo”, “Huevo al plato sin el plato” y “El momento sublime”; para Dalí el “huevo frito” es, sin duda, el paradigma de toda materia blanda y consistente al mismo tiempo; símbolo tradicional del nacimiento y de la cosmogénesis, está teñido también en la pintura daliniana de matices eróticos, y es símbolo igualmente del nacimiento y de la transformación del Universo. 

Los huevos que te prepararon en Bogotá se veían, se olían, sabían a gloria pero sólo los de Dalí son una obra de arte, los que te comiste con tanto placer, a las 24 horas se habían transmutado para siempre.

Entonces Juan David, y yo que pensé que cuando se hace el amor como lo hago yo, eso era arte- si dudas, pregúntale al holandés, por supuesto no me refiero al huevo que como los de Dalí era materia blanda-.

¿Para qué unas rosas y unas hallacas?, ¿dónde está el arte? En  la rosa  y en la hallaca que no están, ni en tus manos, ni en esta prosa, sino  en la emoción, en el pensamiento que invocarás y quedará para siempre en tu memoria.


 Juan David Porras Santana