13 sept. 2012

EL PERRO VERDE Y LA COYOTE COJA



Para: Sol D’ Ambrosio Díaz

Siempre independientes, jamás pensaron que en algún momento,
sus vidas unirían.

Perro verde siempre receloso, escurridizo entre sus manos se perdería
La coyote coja, magnética sal marina, su cuerpo  delataba su carnal arcilla
Perro verde decidió como los primeros, esculpir a su mujer desde su costilla
Esa arcilla carnal permeable, dúctil y obediente accedió a sus manos
Perro verde talló y fundió su alma a la de la  coyote coja
Que en una eterna agonía, lejos de consumirse, se recomponía
Perro verde buscaba encarnar en la coyote coja  a  Afrodita
Su lengua reptó por los más ignotos recovecos del Canis
Que se regalaban sin mondar como las guayabas en el trópico
Así de generosa eran los pensamientos, palabras y carnes de la Coja
Una vez corpórea, aquella Canis  monógama, tejió su lasciva telaraña,
Perro verde tanto disfrutaba que nunca la cogía
Consciente dejó las oquedades sellada en un amasijo: pan de la arcilla
En la liturgia más pura tomó del pan y del vino
Cuerpo y sangre de una alianza que ningún otro mortal se hubiese atrevido
 
                                                           
Juan David Porras Santana