16 oct. 2012

VACIAR EL CONTENIDO

Escuchaba una de esas fenomenales entrevistas de James Lipton del Actor’s Estudio, en la cual este excelente entrevistador conversaba con Al Pacino sobre como éste dejaba de ser él cuando actuaba y éste evocó una frase de Miguel Ángel: “Señor, líbrame de mi mismo  para poder complacerte”.

Así como decía Sócrates: Conócete a ti mismo, muchas veces nos provoca librarnos de ese conocido o desconocido ser que yace soterrado o por el contrario aparece en escena en el acto que no le corresponde.

He prefigurado nuestros encuentros, y me veo en ellos  como creo que tú me percibes: un escapista. Me lo confirman tus prolongadas ausencias, tus intermitencias. Así que cuando escuché a Pacino evocando la frase de Miguel Ángel, me dije: Belkys está imitándome, así que Señor líbrame de mí mismo para poder llegar a ella, si no estaré condenado a verme en el espejo, donde los hombres vampiros no reflejan su imagen.

Por ello decidí vaciar mi contenido. Antes lo intenté contigo en aquel largo y afirmativo beso que nos dimos en público. Surtió un efecto transitorio, que luego se reconvirtió en el vacío que te acompaña en la memoria, donde siempre estoy desaparecido.
  
En fin eres mi más codiciado noúmeno, mi cosa en si. Urge aprehenderte, seducirte para que lenta y viscosamente escancies en mí, tu contenido, y esa botella vaciada  y llenada por el mar cada vez que  sobre la playa rueda, la coloques en ese arcón donde guardas las letras con que armé: te amaré por siempre.

Marfil, piel de Gepardo, rubí, miel, tantas elementales cosas que tú me evocas, no es más que la amañada prestidigitación de la poética que me restriega en tus entrañas y me expulsa tan lejos que me desfigura  en tu memoria, hasta convertirme en lo que realmente soy: FRANKENSTEIN. Ese ser gótico que llena tu lado claro con su oscuro cansancio eterno, como el amor que siento por tí, en una persecución  que la amada no puede  descifrar y el amante no quiere abandonar.

Juan David Porras Santana