15 oct. 2012

EL LANGUIDO DOMINGO DE BÁRBARA

Para: Bárbara Arveláez

Pesa sobre nuestra conciencia que la vida es segmentada y está contenida en compartimientos estancos. Escuchamos expresiones como viernes festivo, y si es de Semana Santa viernes de Dolores, o aquella conseja popular: “eres más atravesado que el miércoles”. Deja pues la vida de ser un continuum, donde la injerencia religiosa, laboral, “moral” perturba al libre arbitrio, pero no logra doblegarlo

La primera excusa que esgrime el esclavo del deber- yo lo soy pero del beber-es: nada como el deber cumplido que será premiado con una rumba de viernes festivo. A cada esfuerzo corresponde una recompensa, nada más alienante que esa acción y reacción de perrito amaestrado.

Inmediatamente me argumentara el alter ego: muy fácil para ti, tienes libertad de jornada, si te levantas tarde y enratonado no importa: laissez faire, laissez passer. Y claro que es importante, TODO ES IMPORTANTE, la maravilla es manejarlo con independencia, autonomía, sin esperar nada a cambio, sin autoflagelación, sin mea culpa, ser el auténtico “bruto libre que goza donde quiere, donde puede”, sin perder la cordura, conociendo los límites y sobre todo el reto de que mañana voy a disfrutar otra aventura, sea esta dictar una conferencia, redactar un documento para antes de las 11 a.m. o irme para la playa a expandir mis pulmones.

Nos enseñaron a ver la vida bajo el control de alguien, y jamás bajo el maravilloso don del libre albedrío, el único poder que nos ha sido conferido, y sumisos como estamos ante la explicación de la superioridad divina- la cual no pongo en duda- creemos que nada podemos hacer frente a la fuerza irremediable del destino.

 Piensa por un momento en las grandes crisis de tu vida, cuanto del otro pudiste haber impedido- y no era un ser divino, tú hiciste de él un Dios-y te minimizaste, cuando la posibilidad  de que las cosas fueran distintas estaban en tus manos, las delegaste, ya sea en nombre de la moral, de la pena, de la lástima, del miedo, del desamparo; sin querer estabas retroalimentando la neurosis del otro y creándote una propia. Quedando atrapada en tu propia telaraña y no  andando campante por el mundo ancho, posible e infinito que te fue dado.


Juan David Porras Santana