19 oct 2012

FUSTIGACIÓN


Creíste, extraña criatura, que era suficiente tenerme en tu pensamiento, cuando sé que por dentro ardes en deseos de poseerme, como lo hace sin ningún tipo de ambages tu fiel compañero, el hombre lobo en la infinita licantropía que ejerce sobre las púberes de las comarcas ajenas y distantes.

Por eso deambulas dando tumbos, persiguiendo alegorías en un mundo de sombras, donde no puedes objetivar ni siquiera el acto ya consumado. Te recuerdo siempre con la mujer en brazos ya muerta por tu torpeza, sin siquiera haber acariciado su inextricable cabellera.

Pobre, Víctor siempre supo lo que quería para ti: ¡crearé sólo yo, como un Dios! Lo creado nunca será el otro, sino la pesadilla recurrente de ser en sí mismo una y otra vez. Ya estoy harto de hombres capaces de ver en el creador su alter ego, sólo los quiero conscientes de sí mismos sin repliques que justifiquen su existencia con la estupidez de: no estoy solo en el universo, también está el otro. Así que  solo estarás.

Ayúdame mujer de mi entraña soy un muerto en vida  o una vida que quiere precipitar su muerte  ¿Es que habría alguna diferencia por el hecho de saberlo?  Me ripostaste,  a lo que te respondí: como no la hay, me acerco a Dios, lo apremio, y lo que me reclama es poesía, único camino para reptar entre el todo y la nada, la vida y la muerte, el amor y el solipsismo.


Juan David Porras Santana

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