10 ene. 2015

LA MADRIGUERA







Húmedo, umbrío el claroscuro descompone
las figuras que desde la entrada  Durero atisbó
Musgos y breves helechos pululan la gruta
Nuestras manos entrelazan vapores y humores
Somos los nazarenos del renacimiento  más puro

Me lames las heridas de Cristo bajado de la cruz
Te ves tan queda tan sumisa porque estás de espalda
Volteas y tu mirada catatónica me dice del trance
entre el espíritu sagrado y la crepitante carne

Tu lengua llena de mi sangre invita al yo salvaje
Con mal de rabia y amor nos desgarramos
Durero que ha descendido tantas veces
no captura el momento  de amor y horror
Tuvo que pasar tantos siglos para que las pupilas
del Triegel  ateo capturase  la crudeza de Dios

Juan David Porras Santana