30 may. 2014

AMOR EN LA ENRAMADA



El anecdotario copioso sobre el viejo pescador
la había cautivado como una rapsodia húngara
Era el lenguaje de la piel cuarteada y la mirada extraviada
El viento que sin aviso rolaba de este a oeste
haciendo en las crestas  de la mar una pátina
que  oleaginosa lo pintaba  contra un cielo alelado

Ella le extendió su fina mano al viejo
Sintió cada surco de la palma de éste
Que le inspiraba ternura y encanto
Cuánta será la mar navegada, las islas desoladas
Los crepúsculos  de rojo y verde contraste
Que en sus pupilas
quedaron grabados  como un incendio

El viejo se retiró con la quejumbre
de sus huesos carcomidos por la sal
Ella y yo, bajo la enramada
Y ésta bajo la canícula
sentimos que la luz de un fogonazo
y la estampa viva de esencia marina
nos invadía, nuestras manos  eran medusas
que se trenzaron en la búsqueda infinita

Que trata de hacerse finita
Con la cópula frenética
y nunca lo consigue, por eso se repite
hasta que convertidos en un solo sudor lascivo
desistimos, soñando en el infinito de la próxima vez

De vuelta en la enramada el viejo
Nos despide con la última luz del atardecer

Juan David Porras  Santana