18 jul. 2016

LA ETERNA VIGILIA

                                               

El sol ardiente
escuece mis colosales huesos
Crecen por una fe ciega
por la resurrección
Mientras mis músculos
se consumen de aburrimiento
Amorfo lípido
desparramado en el sillón muerto

Que cansancio
sin pronóstico de descanso
La máquina crea
un circuito entre mis miedos
Que hacen sinapsis
en mis neuronas hipertrofiadas
Amplificando la Nada
y simplificando el Todo

Si te hubiese hecho caso,
catamarán oceánico
Fil de roda hacia las islas
de irresistibles especias
Nuez moscada
de mis verdes lamentos imberbes
Atalaya de agua
que cae como una abrupta catarata

No, seguí medroso y condenado
como mis antepasados
Despierto, atento,
esperando el canto de las trompetas
que  anuncian el Sol oscuro ,
y las estrellas cayendo del cielo
Sí todo está escrito
vivir no es un placer,
sino un perverso castigo

Juan David Porras Santana