24 abr. 2016

EL ESPACIO VITAL


                                             
A María Gabriela Capriles

Tengo una teoría poética- existencial, todo humano tiene algunos espacios que lo siembran al centro de la tierra y lo vincula a través de misteriosos canales y frecuencias con el Universo todo, lo llamo el espacio vital de cada individuo.
Yo lo sentí por vez primera en el rompeolas de la Marina del Sheraton, había un piedra gigante con abundantes intrusiones de cuarzo, me paraba sobre ella y la sensación de bienestar y comprensión del mundo real era inmediata.
Como si fuese un eje adicional al de la tierra. Mi mente se hacía lucida –si tal cosa es posible -   y mi corazón se engrandecía.
Me ocurre cuando deambulado por la noche caraqueña, entro en algún local, y voy probando las sillas que orlan la barra del bar, a veces – la mayoría- sin éxito, otras – pocas –encuentro el trono desde dónde reinare a piacere. Sintiéndome amo de la noche  y de sus particulares placeres. El mayor de todos esos placeres: contemplar. Poco a poco ayudado por el efecto relajante del escoses- El viejo Parr-, me abandono de la pesada carga que todos llevamos sobre los hombros y de pronto todo vuelve a la normalidad, contrariamente a lo que se cree, se está ebrio e intoxicado en lo que llamamos la cotidianidad, y sin darnos cuenta nos embrutecemos, la visión se hace miope, el temperamento parece una montaña rusa y los valores y sentimientos, muchas veces los mandamos para el carajo.  
Los últimos años que dejé de vivir la mitad de la semana en la Isla de Margarita, en Cabo Negro, me he vuelto un ermitaño de cuatro paredes, en una calle ruidosa que otrora fue una hacienda y una sosegada urbanización de hermosas casas caraqueñamente adaptadas, jardines, retiros, plaza, hoy es un mercado Persa y la alternativa vial de una de las avenidas más transitadas de Caracas, la Francisco de Miranda.  
Siempre repito que los milagros existen sólo en Latinoamérica, recordando la definición de Carpentier – un milagro es una alteración inesperada de la realidad- y si tomamos en cuenta el caso venezolano, son proverbiales. Mi país es   hoy por hoy tal vez el espacio territorial más hermoso, variopinto, biodiverso del planeta pero paradójicamente el más inhóspito para el ejercicio de la vida humana. Aun así, desprenderse de él, es mi caso y el de la mayoría, es impensable, así nos cueste la vida.
Resulta que hace apenas unos días, después de que mis queridas amigas, María Belén y Yanel se habían ocupado de buscarme una vivienda , con características muy específicas , viendo muchas, una lujosas , otras archimodernas, otras rococó . Se les notificó que  en la Urbanización Los Chorros- en las faldas del Ávila- había una que aparentemente se ajustaba a las necesidades requeridas. María Belén regresó fulgurante y feliz, me describió de tal manera el inmueble que lo pude visualizar y me habló de lo bien que había sido atendida por la propietaria y sus corredoras. Al punto que me dibujé a María Gabriela- la dueña- y la definí como una fémina de una casta en vías de extinción: la gente decente, una dama en toda la extensión de la palabra.
De inmediato le dije a María Belén que ofertara, sin ver, el que ya consideraba mi refugio y sin conocer personalmente a su propietaria, un golpe de intuición. Como es natural, ésta quería conocer al arrendatario antes de la formalización del contrato. No me equivoqué, ya frente a ella, sentí el peso específico de la distinción y el gentilicio, por supuesto no me refiero – a la clase social, ni al apellido, ni al status socio-económico- , sino a eso que mi padre que había nacido en un barrio pobre, muy pobre, siempre me repetía, Juan David , no teníamos para comer y la solidaridad era inmediata , los vecinos eran gente decente.“No te preocupes María Gabriela que no espero que el canon incluya la comida, porque después de ver mis más de 100 kilos, anularías ipso facto el contrato de arrendamiento”.
Aquel espacio sensible su inmueble era un hermoso refugio con rincones ensoñadores, el buen gusto, y Dios como siempre estaba en los detalles. La jardinería paisajística sobria y cuidadosamente escogida, uno de los tantos ejemplos.
¿Qué había sucedido?  
Decía Lorca que el presentimiento es la sonda del alma en el misterio , y si éste es genuinamente intuitivo , no se equivoca.  Volví a sentirme parado en mi espacio vital del malecón del Sheraton , esta vez no frente al mar Caribe , sino a mi cerro Ávila que me acompaña desde que nací y frente a una dama como las bellas mujeres de aquella Caracas que visitó Humboldt en 1801 , asombrándose que frente a una naturaleza exorbitante y prolija hubiese asentada una pequeña ciudad con gente amable , culta y damas que tocaban el piano como los mejores pianistas alemanes y recitaban a los poetas franceses con fluidez y un sentimiento, imposible de explicar en estas latitudes equinocciales 

Juan David Porras Santana