15 abr. 2016

EL ÁNGEL DE LA GUARDA

                                               
A mi amiga que hoy enferma, su ángel la salvará

Uno de los grandes poetas venezolanos, me refiero a Eugenio Montejo, en un hermosísimo ensayo titulado, Los números y el ángel, acertadamente define al paso del tiempo y la angustia de las horas como un común denominador entre los humanos y le da un rango superior que a cualquiera de los sentidos para la percepción y manejo del mundo real.

Intenta el poeta en el mencionado ensayo hacer una composición autobiográfica de él en distintos momentos de la vida y dice de manera asertiva “Al retratarnos casi siempre nos detenemos a dibujar al niño que fuimos, privilegiando con razón al primer septenio de nuestra vida por encima de los otros. Sentimos que el resto, en verdad, dura mucho menos que esos primeros siete años bien valieron nuestra existencia”


Cuantas veces mis queridos lectores en el devenir de nuestra vida, aparece ese niño que quedó para siempre como el alma y la esencia de nuestro existir de manera inconsciente, pura y prístina.

Pergeña Montejo un final  hermoso para su ensayo, invocando la Angeología Cristiana que determina que ese Ángel de la Guarda somos cada uno de nosotros en nuestra primera hora, nosotros mismos en nuestra edad perdida.

He querido rendir un respetuoso tributo a este maravilloso hallazgo de profunda significación humanística, dedicando este poema a mi amiga que hoy enferma necesita que su Ángel de la Guarda, vele por ella  

                                              MI NIÑO, MI ÁNGEL

Nunca requerí de una regresión
para internarme desde el útero
hasta el primer abrazo de mi madre
lo  siento hoy, sesenta años después
con más intensidad porque ese soy yo
                                          y nunca dejaré de ser
Lo veo en las esquinas de mi espacio
siempre sonreído y atemporalmente
el mismo
Lo miro como sin esfuerzo alcanza el horizonte
y se preocupa cuando me percibe distinto
cuando quiero dejar de ser él
para reinventarme como un malnacido   

Cae entonces desde lo alto su cometa tricolor
para llamar mi atención
son tantas las advertencias mágicamente logradas
que endereza mi camino y nos volvemos a encontrar
En estos días difíciles hemos jugado a vivir
saliéndole al paso a la muerte
y colmado de vida, mi niño , mi ángel
una vez más, la ha vencido


Juan David Porras Santana