16 may. 2013

LA BIPOLARIDAD ES CURABLE SI REDUCES AL YO A yo y SUSTITUYES EL ESTAR POR SER







Intento- parece ser con mucho éxito en los últimos tiempos-  sentirme liberado de mí mismo, no preocuparme en demostrar lo que en el fondo no soy: un libérrimo

Soy un hombre de pocos momentos de felicidad y de muchos tormentos, inexplicables y no por etéreos menos ciertos y dolorosos, así es la bipolaridad.

Me resisto a ser amado, solo quiero ser aceptado, eso sí, con bombos y platillos, con manifestaciones expresas de complacencia del alter ego

Mi naturaleza me  insiste: eres animal sentimental, más que racional y yo le respondo: creo que tienes razón pero esa escisión desproporcionada, lo que manifiesta es mi predisposición congénita y la configuración llevada a término por las circunstancias. Ella me pregunta: ¿Podrás lograr un equilibrio a posteriori con esa extraña conformación?.

Los médicos me diagnosticaron desde manía – depresiva (bipolaridad) hasta esquizofrenia. Era obvio, había un desajuste en mi proceso de aprendizaje: todo lo sentía, no lo racionalizaba, en otros términos tenía predominantemente percepciones sentimentales valorativas y no cogniciones intelectivas, que me inducían a errar con frecuencia.

Luego estas equivocadas interpretaciones de la realidad, se convirtieron en actitudes que en muchos casos anularon mis aptitudes: qué penosa infancia, que inconsistente adolescencia y hoy con 57 años, descubro que todo era imaginario pero igual de real y por ende poderosamente perverso.

Muchas veces me he preguntado, si soy tan tímido, si tengo pánico escénico, ¿Por qué soy buen orador?, probablemente, por narcisismo; tengo miedo de ser y de compartir la existencia de tú a tú. Es más fácil y alimenta mi ego voraz, dictar una charla a un auditorio de 300 personas que irme con unos amigos de farra y hablar de mí y de ellos. Así de grande es mi terror: el de un imponente león cobarde. No, no, no, ¿qué digo? pero si soy valiente. He buceado rodeado de tiburones, claro está, los escualos no me juzgan.

Necesitaba urgentemente un continente para mi disperso y disoluto contenido. Lo comencé a buscar en el prozac, litio, lexotanil, terapia cognitiva, psicoterapia., alcohol. Siempre lograba una revolución: giro o vuelta que da una pieza para volver a su posición original. Un círculo vicioso.

La solución siempre la supe, pero por su naturaleza era inaceptable para mí despótico  prepotente y todopoderoso “yo”: simplemente valor. Enfrentar los fantasmas, que de niño no me permitían dormir sin mi fiel compañera, la luz eléctrica.

Un esclavo de mi propia incertidumbre (siempre me parecieron fabulosas la historias de la mitología griega, donde los hombres estaban a merced de los dioses). Qué equivocado; si lo maravilloso es tejer tú mismo tu destino, saber que cada acción tiene una consecuencia y es responsabilidad tuya, con ellas modificas y forjas el mundo real en libertad. Ahora soy, no estoy ni efusivo ni triste , simplemente vivo , alerta , y reconociendo cada objeto o sujeto del ontológico mar exterior.                                                                       


                                                                         Juan David Porras Santana