14 may. 2013

CUNDA

    
                        Para las mujeres inteligentemente exquisitas, como tú



Descubrí que no soy disciplinado por virtud,
sino como reacción contra mi negligencia ;
que parezco generoso por encubrir mi mezquindad ,
que me paso de prudente por mal pensado ,
que soy conciliador para no sucumbir a mis cóleras
que sólo soy puntual para que no se sepa cuán poco
me importa el tiempo ajeno”.
                                                                                                      
          “Memoria de mis Putas Tristes”
           Gabriel  García Márquez


Siempre supe que el  fondo de ti es parecido al que nos topamos los buzos, cuando una vez  que rompemos el espejo de agua  tratamos de alcanzarlo y nos cuesta inmensamente, hay que desprenderse del cuerpo y dejarle la maniobra al alma para alcanzar el objetivo. Una vez allí, ocurre todo lo contrario, volvemos al cuerpo para deleitarnos de la casi antigravedad y del vértigo de lo azul profundo.

No son muchas nuestras experiencias en inmersiones simultáneas.
Mi memoria que es especialmente reconstructiva, se ha encargado en transmutar la esencia de esos descensos y lo que recuerdo de manera más vívida son los ascensos y la bocanada de aire fresco cuando llego a la superficie.
Esto me ocurre  porque  simplemente obedezco a mi religión: si quieres ser feliz no preguntes.

Soy todo lo contrario a ti, mi amiga del saber, tu capacidad para hurgar, desentrañar, lamer el tuétano, te permite un ejercicio incansable del “hacer para no morir”.

Como las buceadoras de esponjas del Japón,  no usas traje para protegerte, y como éstas te sumerges casi siempre sola, lo que aguza tus sentidos y te da más autonomía.

 A diferencia de ti,  esa actitud obedece en el caso de las apneístas orientales, a la necesidad mecánica de la subsistencia. En tu caso pareciera que requieres penetrar al género humano para comprender lo que sentimos, y sobre todo confirmar las miserias de lo demasiadamente humano, de manera tal  de asimilar el: “en cambio a mi” como un ejercicio racional y no como lo que realmente es   un grito desgarrador que lo que pide es un tantito de lo cotidiano; ese, no te preocupes, ya pagué la luz eléctrica mi amor, la llegada sorpresiva de unas rosas un domingo a las 6 de la tarde.

¡Ah! bajar la guardia, quitarte la capa heroica y el arsenal de armas secretas: siempre lista mi llave para “tragar harina”.

 El “Yo lo sabía” quisieras que en algún instante se convirtiera en: “no lo puedo creer que bueno, me está pasando a mí”.

Gracias a tu amigo gay, se abrió una espita para que te dejes querer, no permitas que se cierre, los buzos de aguas profundas no te perdonaríamos tener que volver tan pronto a la superficie sin disfrutar del azul profundo de tu ingravidez.

                                                             
                                                    Juan David Porras Santana