20 mar. 2013

LARGA VIDA A LA MUJER

Siempre que cae el sol y me arropa la noche del reino de este mundo, aparece en la bóveda celeste, rutilante y eterna, LA MUJER.

Primero se corporiza su aroma, su olor que como el de las panteras, emana de lo intrincado, de lo inextricable, sólo lo descifras a través del misterio de sus ojos y en ellos encuentro que el todo, es y está, pero no por sus ojos sino por su mirada.

Como si a nadie perteneciera, sólo a la noche, y nosotros fuésemos testigos taciturnos de un evento que echa raíces pero que de sus frutos como los del ancestral manzano no nos atrevemos a probar.

Si me acompaña la suerte y es su voluntad, LA MUJER desciende de su reino como Afrodita y se nos corporiza junto a Eros, el caprichoso flechero de dos dardos: uno para los amores felices, para los desgraciados el otro.
La mujer como Afrodita no tiene control sobre Eros, así que poco puede hacer para escoger y lo que éste selecciona, a la mujer la decepciona.

De allí que optara por inspirar el amor, más no hacerse participe de su condición corpórea.
Inspirar, que manera tiene de conjugar ese verbo: sentada en la barra a veces sola, otras acompañada, su piel que como quiso Zeus, que aun cuando fuese concebida con luz de luna, tuviese la palpitación de un leopardo de las nieves y la excitación Celta de las ninfas.

La elegancia y la majestad la inventaron los hombres para que sólo en ella fuera absoluta.
Basta verla con la copa de vino, que se sincroniza y acopla con su perfecta postura
Si te habla sabrás que está en este mundo pero pertenece a un reino de extensión e intensidad infinita, por lo tanto se inhibe de frases de largo aliento para permitirte que tú las termines y te sientas como si la complementaras. Así son los gentiles modos de LA MUJER.

Por eso LARGA VIDA A LA MUJER para que nuestras noches no pierdan el sentido de la belleza y del asombro. Porque como Decía Carpentier: El milagro, es una alteración inesperada de la realidad y eso es lo que ocurre si se tiene la buenaventura de un encuentro espontaneo momentáneo y súbito con LA MUJER.

Juan David Porras Santana