19 ene. 2013

LA VIDA ES NUESTRA

Razón tienen lo neoyorkinos en pensar que la vida está en la ciudad. Aun cuando soy panteísta, siempre me olió  a podrido  aquello del buen salvaje, del retiro a las islas del adiós. La candela está donde se desarrollan las relaciones humanas con todos sus matices e intensidades. Hay fuego en el 23……….

Pensemos por un momento como cambió nuestra visión del mundo, cuando contemplamos atónitos las primeras vistas de nuestro planeta azul desde el espacio exterior. No es lo mismo sobrevolar el Salto Ángel que ir al encuentro de su caída. La visión de un indio Pemón de su Churún Merú es introyecta y circunspecta; La de Jimmy  Ángel  amplia como el horizonte. ¿Existe un salto dialéctico entre el Pemón y el aviador? ¿Nos perdimos de algo? Es un abismo insalvable y se perdió el puente que luego tratamos de sustituir con la hilvanación histórica y retórica. En el primero hay intimación en el segundo asombro.

Es lo mismo que estar frente al toro o verlo desde la barrera. O estar en la barra contemplando a la distancia que relacionarse. Se parece mucho más hacer el amor al ver al objeto de nuestro deseo, que conversar con él. Asombrosamente el llamado acto más íntimo, es tan íntimo que ninguno de los involucrados abandona su concha. Sientes y sueñas al mismo tiempo y eso me ocurre a mí en catatonia, tal vez sea más, percibir que sentir, pero en el primero se aguzan más los sentidos y se convierten en sigilosos espías a las ordenes del sentimiento. 

Es odioso comparar magnitudes e intensidades, sobre todo en las cualidades de un sentimiento que depende mucho del estado circunstancial del alma. Por eso lo sensato es dejar que se escancie lo vivido para tomar perspectivas desde todo los ángulos que nos permite la comprensión holística del ser. Es como cuando perdido en una vasta llanura, la visión desde un montículo te permite conseguir el rumbo.
          
Juan David Porras Santana