30 ene. 2013

EL PIE FEMENINO: SU ARCO ES EL ÚNICO TRAZO QUE NOS QUEDA DEL INSTINTO GRIEGO

"La mujer que tiene los pies hermosos, 
nunca podrá ser fea..."
                                           Mario Benedetti


Los escasos pies griegos que persisten en el mundo de hoy-15% de la población- , cuando se nos presentan, causan un natural asombro, rompen con el arquetipo de la belleza simétrica, pero incitan y nos retrotraen a su majestad: la escultura griega que es el génesis de la belleza occidental.

Frente a la escultura de Atenea o de Afrodita Pan y Eros, no podemos sino maravillarnos por la premonición portentosa de lo que sería el eterno femenino occidental



Atenea, hoy en el museo de la Acrópolis de Atenas, muestra su pierna izquierda que sugiere y dibuja, todos los arcos eróticos de la pierna femenina: muslo, rodilla, pantorrilla y pie. La desnudez velada y el pie totalmente desnudo, en contraste dialéctico con el resto de su cuerpo, le levanta el huevo hasta a un ponqué, dicho de manera muy lírica como lo haría Flaubert.


Afrodita, Pan y Eros. La Diosa Griega muestra todo, y sólo  se tapa el pubis. Eros, por supuesto intenta levantar su brazo del coquito, ya que de aquello- por lo que se ve-, nada puede elevar porque no existe; de allí proviene el canto carupanero- yo tengo un pipi grandísimo y me lo quieren cortar, no es un ente metafísico como el que le cuelga a papá-. Ninguna escultura como esta,   expresa tan “patéticamente” el erotismo femenino del pie griego, en oposición a las pezuñas pervertidas del Dios del amor  
Toda esta cosmogonía se halla inscrita en nuestros genes,  y en el inconsciente colectivo; no se trasmite de manera consciente, los nombres de los escultores griegos: Sitiadas, Calón, Nesiostes, se perdieron en el tiempo o sólo están en el conocimiento privilegiado de justamente una mujer, que siendo heredera directa, de la belleza griega, esconde uno de sus atributos distintivos: el pie griego.

   Tuve la ventura, por obra del destino de conocer los pies de nuestra Diosa viviente. En una de mis visitas sorpresivas a su galería- por supuesto un personaje así, no podría trabajar sino con el arte- la encontré ataviada con un calzado que dejaba ver a duras penas sus hermosos pies, súbitamente todo el rompecabezas se ensambló, ¿ por  qué me había dicho que no le gustaban sus pies? Esta deidad  no reconocía su origen; Una vez más  la revista Cosmopolitan, se había encargado de lavarle el cerebro; con aquello de cómo mantenerte bella desde el cabello a los pies; donde la fotito que aparecía en el artículo, era la de los pies espantosos de Charlize Theron que habían sido redondeados y simetrizados por la mezcla de la basterdad mediterránea con sus clásico ñames napolitanos. 

Oye Juan David, - por fin me dejas hablar- y todas estas ¿por qué esta obsesión tuya por los pies femeninos, será un fetiche?
Pienso que si, y que  no. Definitivamente es lo primero que le veo a una mujer, o en su defecto, su calzado.
Recuerdo que cuando tenía 5 años, mis tías cocían en la maravillosa maquinas Singer de pedal, y lo hacían descalzas; poco a poco, pasé de observador a tocador- un niño que se cuela por debajo de una mujer descubre el nuevo mundo: la suavidad de sus pies, su olor, me producían sostenidas erecciones que no encontraban camino para su desahogo, sólo repetirse una y otra vez, en un éxtasis que solo a los 11 años volví a sentir, cuando jugando con mi vecino en una pista de carros de carrera, que le había traído el niño Jesús, su hermana de 13 años, bella y de pie griego como su madre, me frotaba   por debajo de mi muslo, con los pies calzados con unas bellísimas sandalias hindúes. Cuando llegué a mi casa descubrí la masturbación, y las pocas semanas el sexo atropellado y gigante de la niñez.- bueno, que exagerado, comenzaba la adolescencia-

 Los expertos, han llegado a la conclusión de que existe un fetiche de los hombres hacia el calzado y el pie femenino- gran cosa, eso lo sabían las mujeres del oficio más antiguo, desde siempre: Salomé, Cleopatra, la Potro loco, la 747, lo utilizaron con premeditación y alevosía- 

    Dicen estos investigadores, que podría haber una marcada correlación entre el fetichismo de los pies y el de los zapatos femeninos. Una posible explicación para el fetichismo de los zapatos es que ellos serian una forma simbólica de guarda –garantía – de las pulsiones sado-atávicas, teniendo lugar entre el calzado y el pie desnudo una dialéctica simbólica de libertad: mientras el zapato “esconde” un mundo de debilidades socialmente inaceptables, el pie descalzo simboliza la liberación simbólica de ese yugo y la continuación simbólica de las posibilidades del placer sádico a través del tiempo, sin importar la edad del sujeto. Por supuesto, el valor agregado de “la belleza” del pie femenino, al mismo tiempo que un ejercicio de simulación (José Ingenieros, La simulación en la Lucha por la Vida) o de sublimación en términos freudianos, seria una simbolización del valor de la libertad en ellos significado.

Sólo sé, que  ya sea estéticamente, vivencialmente o Freudianamente, tus pies son hermosos, y que como dice Benedetti: “La mujer que tiene los pies hermosos, nunca podrá ser fea..."   ¿Pero al contrario?  Fue lo que contigo me ocurrió; te descubrí bella, y me dijiste que no te gustaban tus pies. Gracias Benedetti, porque con ella, tu frase funciona al derecho y al revés.


Juan David Porras Santana