4 ene. 2013

PALABRAS DEL POETA EN LA PRESENTACIÓN DEl LIBRO QUÍMICAMENTE PURO: LOS POEMAS DE FRANKENSTEIN

 Uno de los personajes más maltratados por Hollywood es el monstruo creado por Víctor Frankenstein el moderno Prometeo, después de haber visto cualquiera de las versiones cinematográficas, no reconocemos ni a Víctor, ni al monstruo, la razón, los personajes fueron adaptados por los directores y guionistas, según el dictamen de la taquilla. Gracias a la buenaventura y a la cultura, su esencia permanece intacta en la narrativa que la genial escritora Mary Shelley, que con apenas 18 años de edad y que en un juego de fin de semana convocado por Lord Byron, se dedicó a dos grandes temas: el primero, si el hombre sufre, Dios es él, el segundo, el rechazo de los terceros que se convierte en renuncia de uno mismo. Ambos problemas encarnados, en Víctor y su Alter ego, el monstruo.

Mi impulso primario para hacer poesía, fue el rechazo, de allí que tomara la poderosa alma oprimida y desbastada del monstruo como dúctil arcilla, para mi yo, para que ese inflamado artista construyera mi inexpugnable coraza para protegerme de la vida. Ya al final de la obra soy definido por la amada:
Frankenstein


¿Amigo pero acaso la vida no es así: el todo y la nada?
Física entre cismas se perpetúa la rosa desde la nada
Mujer de lánguido perpetuo muestra el todo a la nada
¡Sorpresa! Encontraste tu destino, 
estaba en todo pero hecho de nada
El tiempo late de su lado, yo lo tengo todo y él no tiene nada
Reiné desaforada, más pudo mi yo que su nada
…Un momento es él, no me puedo detener, se me olvidaba:
Yo lo tengo todo y él no tiene nada.


Los rechazos de la niñez y la adolescencia golpean con fiereza.
Recuerdo a manera de anécdota que siendo un adolescente proclive a los placeres solitarios,- no me quedaba otra- mis amigos me comentaron una vez juagando en el parque de Santa Marta, oye Juanda- sobrenombre de la contracción de Juan David- aquella jeva que ves allá, pregunta y pregunta por ti, decláratele pendejo. Me armé de valor y me acerqué y le dije: quieres ser mi jeva, de inmediato soltó la carcajada, de ti, y yo insistí: claro, a lo cual ella me respondió que si no me había visto la cara en un espejo, eres más feo que el guachimán Cecilio que cuidaba mi urbanización y al cual le decíamos el vampiro esmirriado. Me puse rojo, no sabía que hacer – no tenía el instrumental para feos. Por ejemplo, le hubiese ripostado que los vampiros no reflejan en un espejo su imagen, tampoco tenía la cancha, ni la concha de ahora a mis 57 años- y pensar que hoy un vampiro es la máxima expresión de galanura-.

Esta experiencia me marcó para siempre, me sentí rechazado, disminuido frente a lo único inquietante, vibrante para mí, la mujer.

¿Cómo pude sobrevivir tanto tiempo?, no sean mal pensados, lo de mi contubernio con la alemanita- hale, hale, hale manita- no daba para tanto y como bien saben, estas razas autoproclamadas superiores no nacieron para ser esclavos.

Así que opté por convertirme en un hombre feo pero hombre…

¿Y qué significa eso? Comencé un largo y profundo viaje a mis entrañas, guiado por mi padre, el filósofo Juan F. Porras Rengel, ninguno como él, quien cuando yo tenía 8 años me dijo: eres un ser sensible, eso tiene una cara luminosa, percibirás eventos que otros no pueden, y una cara oscura porque sufrirás por acontecimientos que para otros no significan nada.

Más adelante, me mostró el nosce te ipsum Socrático: “Conócete a ti mismo”. Pero no es fácil comprender y apresar la trascendental enseñanza griega, pues pese al poder de su evidencia ha sido desvirtuada y rechazada cíclicamente a lo largo de la historia.

Goethe decía: “…El hombre es un ente oscuro. No sabe de dónde viene, ni a dónde va, es muy poco lo que conoce del mundo y menos aun lo que conoce de sí mismo…”.

Nuestro gran filósofo y ensayista Juan Nuño, dentro de la misma visión pesimista, veía con horror el conocerse a sí mismo. Con la habitual ironía que lo caracterizaba, decía ácidamente, devolviéndose contra su propio ser: “cada vez que emprendo esa búsqueda no me gusta lo que encuentro”.

No escapé de ello y sólo a través de la fiel e indómita poesía me acerqué al abismo de mí mismo. 

Pero mi tema central de donde nace el miedo y asimismo la atracción más poderosa, insustituible, irrevocable, es y será la mujer y el amor.

Así podría definir un león cobarde el amor… 


Amor, ese extraño ángel exterminador 
que nos regresa a lo que realmente somos:
una pareja de antílopes cruzando la sabana africana

o cómo hacer el amor…


Las nueve y media

Por cuánta sangre brusca se detiene la alcoba
Por cuánto susto bruto se agolpan las lenguas en la aurora
Una palabra que fabula una esmeralda desconsoladora
Mientras en su mínimo hueso la alondra fija nuestra hora.
La palabra se hace acción y la acción se nos evapora
La alondra canta: ahora, ahora, ahora
Los amantes lo hacen como si fuera para mañana
Los amantes lo piensan como si fuera un sueño
Los amantes lo recuerdan como lo imaginó el Dante.
La alondra angustiada repite el canto a las nueve y media
Los amantes lo ignoran, insisten en rituales fanáticos
La alondra no perdona: la sangre inundó la alcoba
Los amantes vivieron su último cuarto de hora
Con intensidad y altura los amantes se añoran.


Pero no hay escapatoria como dijo mi amigo Nelson Rivera al leer el poemario: Eros resulta, a la  vez, encarnado e inaprehensible. Ni poeta ni lector alcanzan a retenerlo. Se larga, se escapa hacia adelante…



Juan David Porras Santana