7 dic. 2012

DIOS: SI FUERON CREADOS A MI IMAGEN Y SEMEJANZA POSEEN EL DON DE LA CREACIÓN.

"El ser humano es una criatura peculiar, poseedor de talentos que lo hacen único en la creación, a grado tal que no es una figura más en la naturaleza, sino su configurador."

J. BRONOWSKI

Luego de la primera sesión de la clase de MERCADEO, me senté a cenar en una de esas mesas donde lo que abunda es la inteligencia y mucho sentido del humor. Pronto se puso de manifiesto esta condición, cuando uno de los comPAGñeros, dijo: interesante la clase pero no se respondió la gran pregunta: ¿el mercadeo descubre o crea?, epa! -le dije- pero si la profesora fijó posición. Ella sentenció: “si pudiésemos crear seríamos DIOS”, lo cual avivó aun más la ya encendida mesa dialéctica.

Traje a colación el tema del sexo como una de las grandes creaciones del ser humano, para lo cual me referí a la reciente invención del orgasmo femenino, tal vez hará unos 35.000 años. Todos se murieron de la risa y me ripostaron: -Juan David, el orgasmo es connatural a la biología de la hembra humana. Les dije: -pues no, todo lo contrario: la hembra de los animales sufre en el acto sexual y la de nuestra especie no escapa de ello, a lo cual Mario inmediatamente dijo: “eso será en el mundo animal pero ya trascendimos esa condición, somos animales racionales, sentimentales. Mis féminas compañeras pensarían que quizá yo no era muy experimentado o capacitado para hacer sentir orgasmos, y en una lectura pícara de su pensamiento, sugerí: que aun hoy día muchas o la gran mayoría de las mujeres no saben lo que es eso.

En la satisfacción de nuestras necesidades primarias biológicas somos puro animal: sexo -y hasta la Iglesia sólo lo justifica para la procreación-, alimentación, defecación y, en ese orden, el hombre creó y convirtió la necesidad en deseo y placer; la alimentación como medio de subsistencia se adornó con manteles de encaje de Brujas y se creó la poceta de porcelana y la lectura para defecar civilizadamente.

El aprendizaje de las formas de obtención del alimento y el desarrollo de tecnologías cada vez menos elementales para utilizar los recursos disponibles, diferenciaron al hombre primitivo de sus congéneres más silvestres tanto genéticamente como en lo que se refiere a los efectos de su acción sobre el ambiente. Con el afán creador, el hombre se ha desprendido del estigma de mamífero racional, y ya no se encuentra condenado a morir entre barrotes comiendo bananos como su pariente el mono que no ha creado absolutamente nada, sino que ha sido objeto de la creación del hombre que lo ha amaestrado y domesticado.

Me permito ilustrar la respuesta que en versos me diera mi padre, al que posteriormente involucré en el interesante diálogo


Son legítimas todas las “Figuras”
que en el eros ha creado la cultura
Con arreglo a lo antes expresado
y a los razonamientos precedentes
puedo decirte en forma concluyente
después que me desvié unos cuantos grados,
que el arte de “tirar” y sus “figuras”
-su riquísima y bella “fioritura”-
frutos lícitos son de la cultura:
por su naturaleza todos son
genuinos actos de superación
del estado original en que Natura
nos colocó “en pelo” en la existencia;
y por ello no es justo llamar una indecencia
-como no sea por mojigatería-
que desnudos tejamos “fantasías”
con nuestras “eminencias” y “agujeros”
cuando por obra de la Providencia
todos vinimos, justamente, “en cuero”
originariamente a la existencia
-en estado de “impúdica” limpieza-
y hubimos por tal causa de inventar
-sobrepujando la Naturaleza-
para cubrirnos de las inclemencia
y el mínimo pudor salvaguardar
-en primitiva actitud de disimulo-
una prenda llamada “tapaculo”
que nos ponía al abrigo de las fieras
no sólo el laberinto del trasero
-presa incitante en el área de Eros-
sino también la parte delantera

Véase ya en ese objeto artificial
-primigenio, sencillo, elemental-
que al Hombre le aguardaba en lo sexual
una transformación fenomenal
como la que, en efecto, le ha ocurrido
por haber sabiamente subvertido
el orden espontáneo, natural,
y no podía ser de otra manera
pues por la intervención de la sesera
y de la percepción sentimental
-vale decir, la “concientización”
que le da media vuelta al corazón-
tórnase todo impulso visceral
-todo instinto recóndito, animal-
en el más fabuloso surtidor
de los placeres más extraordinarios
que nos depara el numen del amor,
pues cuando el sexo el corazón expande
es como si pensaran los ovarios
y cogitara el pene con el glande

Podría aun añadir, por otra parte,
sin intención alguna de epatarte
que las formas de amar que el hombre crea
bajo el impulso ancestral de la pasión
que pone a hervir en el seso las ideas,
pueden muy bien calificarse de “arte”
pues en su incontenible producción
no encuentra límites la imaginación
para inventar todo lo que desea,
y porque en sus procesos de transfiguración
el “delirio” nos pone en suspensión
como en la hipótesis de la contemplación
de un cuadro que nos deja estupefactos;
no existe en realidad en esos actos
figurativos de la copulación
nada de abyecto, ninguna “aberración”
ni se puede afirmar que son pecados
pues son la natural prolongación
del instinto, que emerge desdoblado
-flotante y bellamente ornamentado-
por el espíritu que lo saca de su cueva
-en donde late ciego y obstinado-
y hasta la cima del éxtasis lo eleva:
¿y se puede dudar por un momento
que esta increíble proeza espiritual
de levantar el instinto al Firmamento
-hasta la ignota esfera celestial-
no es, asimismo, un proceso natural
y un verdadero prodigio universal?

Sólo un alma vacía y esquelética
frustrada, represada, archimezquina
-una escuálida alma “antipirética”
que apaga la pasión con aspirina-
que al amor no le mete gasolina
y que copula con frialdad aritmética
-arrepentida porque hace algo muy “malo”-
podría responder que cuando el falo
galanamente ingresa a la vagina
después de prepararla con pirueticas
y hermosas formas de galantería
no lleva a cabo una función “estética”
de la más refinada artesanía,
y que ello es espontáneo y natural
pues brota de la esencia espiritual
que al humano le da su identidad
y lo separa de la animalidad

Por esto es necesario estar consciente
-para que el sexo aflore fluidamente
y nos lleve flotando en su corriente
al Edén del deleite y el placer-
que no debemos nunca contener
en el eros y el sexo la creación,
pues las múltiples formas de tejer
las maravillas de la fornicación
son -como he dicho- una prolongación
del espíritu genuino, superior
que así se manifiesta en el amor.

Ahí queda eso.

Juan David Porras Santana