13 nov. 2012

PICASSO O LOS VIEJOS VERDES- JUAN SEBASTIAN BACH O BAR

Debajo del arco perfecto de su pie, discurrían el verde,  el azul, el aguamarina, y el zafiro de la paleta roqueña. A ratos sus pupilas se extraviaban entre la perfecta línea blanca de la playa y una mancha de peces en el súbito disparo del amanecer.

La respiración era expandida de manera voluntaria para tratar de inhalar todo el salitre: el secreto recóndito del mar.
Se marcharía pronto pero sabía que aquel espacio le pertenecía.

Más que nunca estaba segura que el mundo óntico de la naturaleza visto a través del prisma de sus ojos, era un plano muy diferente a los verdes y azules que tantas veces había contrastado en su periplo por el arte. La habitación azul de Picasso, si bien es cierto la había transportado tantas veces a un mundo desmesurado y propio, el azul del mar la sumergía por su vertical para renacer una y mil veces  atravesando su espejo de agua. Dos placeres sensoriales distintos pero tamizados por un órgano autónomo: el espíritu objetivo,  y una madeja de sensores: estética, razón, emoción, sentimientos, ética.

El inframundo le recordó  estas categorías de una manera cruel y  atroz. En el justo momento que  el rojo de una hermosa langosta se confundía con la luz de Reverón que todo lo desaparece, sus papilas gustativas aguzadas, palpitantes del ansia ignota que produce el paladar ancestral sobre el hermoso crustáceo, fueron arrancados brutalmente del espacio que les pertenece y transportados como de la mano de Pier Paolo Pasolini, ante la imagen de un  burro de oro sexigenario  que se pavoneaba con una niña hermosa de 18 años de edad.

Coño, no joda de lo real maravilloso a lo real atroz. Le vino a la mente cualquier cantidad de conjeturas, las cuales iba desechando y aumentando su arrechera. Bueno Picasso era un compulso sexual casi pederasta a los 80 años; el nono se casó por amor y reciprocado con una infanta de 15 años. ¿Pero por qué olía podrido en Dinamarca?

 Amiga perdona que me meta: es la cerdedad. ¿Qué es eso Juan David? Es lo vulgar; la antítesis de la habitación azul y de tu cabellera cristalizada por el agua de Los Roques. ¿Cómo podemos coexistir con tal contradicción?.Es que sin ella no habría tanta belleza. Piensa en un momento en la barra del Juan Sebastián Bar. Demasiada belleza, música subyugante, ese deseo tuyo inquietante de bailar salsa, el sobrio martini   y justo en tu oído la voz de piolín, lo retorcido y protoplasmático  del galán. Pero estábamos  allí. Maravillados ante la portentosa realidad que jamás podrá ser superada por ningún sueño.

Cuando me fui a dormir esa madrugada, me acosté convencido de que la noche es fenomenalmente femenina.

Juan David Porras Santana