21 feb. 2013

LA NOCHE: BÓVEDA INFINITA DE REVELACIONES INESPERADA QUE ANUNCIA AL DÍA

Para Mónica Caro

Impulsado por una suerte de fatiga de lo vivido me traslade al otro mundo: el bolero.
Sin premeditación por estas insospechadas revelaciones de la noche, fui aun sitio donde lo improbable  era  el bolero; sorpresa, Mayra Martí, su hijo y Rudy Márquez cantaron como si sus  voces hubiesen quedado atrapadas en el tiempo y en el espacio: el show de Renny Otolina; por supuesto Mónica no había nacido, pero aun cuando ella no lo sabe, ya estaba escrito que sabría de esa época por esa noche en el Virgin , que ya estaba inscrita con espíritu y sangre en su destino.

Tampoco sabía que esa noche yo la volvería a encontrar, transmutada en una mujer serena, sensual y sobre todo profundamente enigmática; tanto, que estaba y huía a un mismo tiempo; tanto, que yo no la reconocería; tanto, que bailaba sin moverse de su silla.
Mónica todo lo sabía y como Cleopatra, hasta el final se lo guardaría.

Sólo en las noches es posible invocar al reino del misterio, en ella se anida esa extraña ave que como los pájaros en Australia no canta, y por ello hace más tangible y certera su presencia; es una invitación que proviene de las entrañas de la tierra, donde la luz del día es digerida para ser devuelta en forma de sortilegio en la penumbra para que mujer y hombre llenen sus almas con las ganas, con el aliento que les permita sentir que hay un continuo, que sola se evaporaría, pero cuando entra en contacto con los corazones cautivos, se orienta y potencia para mostrarnos que la  noche es la bóveda infinita  de revelaciones inesperada que anuncia al día.

Juan David Porras Santana