22 sept 2013

CORDIALMENTE INVITADO AL GRAN BANQUETE


                                                                A Nuria Del Alma Encendida

                     “Era, por lo demás, uno de esos hombres que prefieren asistir a su propia
                         Vida y consideran improcedente cualquier aspiración a vivirla
                                        Alessandro Baricco – de su novela, SEDA “

La primera vez que sentí el total vacío, era un adolescente
Lo traté con la indiferencia que un joven demuestra por la vida
En esa edad, nos consideramos inmortales y todo le sucede al otro
No me apercibí que era la anunciación a la renuncia de vivir mi vida

He llamado a esta extraña forma de existencia: la hiperconciencia
Todo está en un guion, con puesta en escenas y múltiples opciones
Para satisfacer el público según sus preferencias y aspiraciones

Hace unos 10 años, decidí bajar al sótano donde se llevaban a cabo
Asombrado, Él no lo podía creer, me había atrevido, se desplomó el escenario
Por supuesto estaba hecho de cachivaches, de pura basura, era el inconsciente
¿Por qué le había dado tanto poder  al miasma? Por el miedo que sembró el YO

Hoy y lo que me resta de vida, trataré por lo menos con dignidad a la vida
Me debo a ella y a ustedes mis invitados, mis amigos sentados en torno a la mesa
Celebraremos un banquete como aquél que Babette ofreció 

 
Juan David Porras Santana
  

ME MIRÉ EN EL ESPEJO Y NO ERA YO




20 sept 2013

19 sept 2013

EL CONTINENTE NEGRO



                                   


                                   
                                     Por la libertad plena  de las mujeres ¿ La querrán?

   El “continente negro” no es negro ni inexplorable: aún está inexplorado porque nos han hecho creer que era demasiado negro para ser explorable. Y porque nos quieren hacer creer que lo que nos interesa es el continente blanco, con sus monumentos a la Carencia. Y lo hemos creído. Nos han inmovilizado entre dos mitos horripilantes: entre la Medusa y el abismo […] Nosotras las precoces, nosotras las inhibidas de la cultura, las hermosas boquitas bloqueadas con mordazas, polen, alientos cortados, nosotras los laberintos, las escaleras, los espacios hollados; las despojadas, nosotras somos “negras” y somos bellas. (Cixous)

Freud, que centró todas las fuerzas de su intelecto para desentrañar a la víctima hombre de una victimaria mujer llegó sólo a superar  de su gran elenco de fobias una sola: su fobia por los viajes, dejando incólume sus otras muchas fobias y  su gran neurosis: las mujeres. Utilizando como buen escapista, el recurso más simple, nombrar al problema con un calificativo misterioso e incógnito: la mujer es el continente negro.

Hace poco tiempo escribí un poema intitulado μαζνἈ (Amazona) dedicado a la mujer, lo único realmente inquietante. Pudiese desprenderse por el título y la dedicatoria que comparto la visión freudiana del “Continente Negro”; nada más alejado de la realidad, aun cuando  confieso que la metáfora “Continente Negro” que puede tener muchos significados- esa es la intención- me parece acertada,  poderosa e intuitivamente cierta.

¿Qué quiere la mujer? Para Freud era todavía una pregunta sin respuesta, para Nietzsche la clave estaba en la preñez. ¡Qué simplificación y que océano de superficialidad!
Ella quiere lo mismo que el hombre: transcender, ¿y esto que significa? Anoche la mujer me despejó la incógnita asumiendo e integrando la doble condición: hombre - mujer:
-Juan David, yo soy libre. Detesto cuando me encasillan o pretenden hacer de la desinformación un hecho-. Esas palabras encontraron eco en mí, en una interpretación dual.

Mi pasajero oscuro no la quería dejar libre, la quería para él ¿para qué?, devorarla incorporarla, asimilarla a mi ser o dicho con precisión a mi YO. El oscuro objeto del deseo estaba allí, pero más alerto y despierto su ser en sí. Transcendió y entonces se produjo lo inesperado: la mujer literalmente colocó su musculoso cuello en la guillotina,  me lo ofrendó en la convicción de que el camino que estábamos transitando era puramente ontológico y que nos conduciría al sempiterno ritornelo: el aliento de lo vivido y del porvenir quedaría justificado en un hecho clímax, sin solución de continuidad. Me demostró que somos unos perseguidores- tipo Terminator –donde lo perseguido ya sucedió,  pero para no cambiar la historia, porque es lo único que tenemos, debemos exterminar al ser nuevo, al emancipado, al libérrimo, de manera de preservar el misterio.

El sacrificio valía la pena, una vez más pondría su hermosa  cabeza de león en la picota como lo hizo William Wallace, el príncipe valiente decapitado después de gritar ¡LIBERTAD!  
   
                                                              Juan David Porras Santana